V. "Acto de clausura del Primer Congreso de Contrataciones Públicas" Panamá, 29 de octubre de 2008

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Palabras del Procurador de la Administración Oscar Ceville

Al finalizar este magno evento académico y científico centrado en la contratación pública, quisiera, a manera de epílogo, compartir con ustedes algunas reflexiones en torno a este importante tema.

Si miramos al pasado, encontraremos que a partir de los siglos XV y XVI, período conocido como el Renacimiento, la comunidad académica y científica volvió a centrar su foco de interés en el ser humano.

Como consecuencia de esta "vuelta al hombre" se comenzó a precisar lo que un célebre pensador español denominara "las dimensiones de lo humano", para referirse a aquellas facetas fundamentales de la persona.

A partir de este supuesto, cada época de la historia ha querido resaltar una particular dimensión del ser humano, pretendiendo destacar aspectos considerados como fundamentales y necesarios.

Es así como la modernidad resalta el carácter racional del individuo, el marxismo la dimensión laboral al hablar de un «homo faber», la antropología contemporánea la faceta cognitiva de la persona, refiriéndose al «homo sapiens», y en la década de los 30, de significativa relevancia económica, se habló del «homo economicus», refiriéndose al hombre capaz de decidir y actuar para el logro de beneficios personales.

Cada una de estas dimensiones ha querido enfatizar caracteres estructurales de la persona, pretensión que ha hecho posible que otros hablen de un

«Homo Contractualis»

Este «Homo Contractualis» u «hombre que contrata», pone de manifiesto que el hecho de contratar no es una cuestión opcional o accidental en la existencia humana, sino que es una dimensión necesaria para el desarrollo del ser humano, en sus facetas individual, social e institucional.

El ser humano no puede vivir sin contratar, ya sea que se trate de situaciones fundamentales como el matrimonio o la vivienda, o de situaciones cotidianas como la alimentación o el transporte. Es evidente, pues, que el aspecto contractual pertenece a la esencia misma de la naturaleza humana, partiendo desde el trueque utilizado por los hombres primitivos para satisfacer sus necesidades, hasta el creciente número de contratos «atípicos» o «innominados», que invaden el ámbito contractual contemporáneo.

De esta «dimensión contractual de la persona», emergen dos aspectos básicos: el interés individual y la necesidad...

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