Sentencia Ponencias de Corte Suprema de Justicia (Pleno), 15 de Enero de 1998

Ponente:ADÁN ARNULFO ARJONA L
Fecha de Resolución:15 de Enero de 1998
Emisor:Corte Suprema de Justicia (Pleno)
RESUMEN

Los Medios de difusión y su Relación con las Cortes Supremas

 

P. publicada en 23 de enero de 1998

"LOS MEDIOS DE DIFUSIÓN Y SU RELACIÓN CON LAS CORTES SUPREMAS"

Documento de Discusión Para el Panel

S.B.[1]

1/23/1998

Gracias, señor P.. Es un placer para mí estar hoy aquí, tener la oportunidad de conocer Panamá, reunirme nuevamente con mis amigos y colegas, y participar en el trabajo de esta importante conferencia. Compartiendo nuestras experiencias, aprenderemos de cada uno de los otros, y de ese modo nos volveremos más capaces de superar los problemas que todos nosotros enfrentamos. Por supuesto, no es el menos importante de estos problemas, la interacción entre la prensa y el poder judicial. Todos estamos preocupados por desarrollar una relación adecuada, y me interesa mucho averiguar cómo las otras Cortes tratan el tema.

P. comenzar preguntándoles si usted, al igual que yo, sienten que la siguiente fábula describe la situación general. Un reportero de la CNN pidió a un Profesor de Relaciones Internacionales que describiera el estado actual de las Relaciones Internacionales. Pero, como se trataba de noticias para la televisión, dijo al Profesor que limitaría su respuesta a una palabra. "Muy bien", respondió el Profesor. "La respuesta es Bien". C., el reportero de la CNN dijo al Profesor que podía responder con dos palabras. "Muy bien", respondió el Profesor, "No bien." ¿Tres palabras? "No lo suficientemente bien." Esta broma, creo, se aplica al tema que tenemos entre manos, o por lo menos a la porción del tema que trataré.

El tema del panel, concebido con amplitud, incluye tanto las formas en que nuestra Corte Suprema interactúa directamente con los medios de difusión como también la ley de la Primera Enmienda de "prensa libre" que afecta el trabajo de los medios de difusión y su interacción con el público. Me concentraré sobre la primera de estas relaciones, y dejaré la ley de la Primera Enmienda para posibles discusiones futuras. Para enfocar la discusión, les recordaré brevemente cómo funciona nuestra Corte; señalaré varios modos en que los intereses institucionales de la Corte y de los medios de difusión son paralelos; mencionaré algunas formas importantes en que esos intereses difieren; describiré como tratamos con los medios de difusión diariamente; y haré preguntas para posterior discusión.

Nuetra Corte Suprema tiene nueve miembros, cada uno nombrado en forma vitalicia por el Presidente de los Estados Unidos y confirmado mediante el voto de la mayoría del Senado de los Estados Unidos. A diferencia de los jueces de muchos de vuestros países, es típico que los jueces de los Estados Unidos no entren a la carrera judicial inmediatamente después de terminar la universidad. Más bien, se vuelven jueces a mediados de su vida. Sin embargo, ocho de los nueves actuales Jueces tuvieron considerable experiencia anterior como jueces en

el poder judicial federal o estatal inferior; seis han tenido experiencia significativa como abogados en otras ramas del gobierno; cuatro en la práctica privada; cuatro como profesores de derecho. Siete fueron nombrados por Presidentes Republicanos, dos por Presidentes Demócratas. Siete son hombres, dos son mujeres. La Constitución, durante todo el período, prevé una membresía que refleja una mezcla de puntos de vista y de antecedentes profesionales. Que, en mi opinión, es lo que tenemos.

Nuestra tarea primordial es resolver conflictos entre las cortes bajas en cuanto a la interpretación de la ley federal. La palabra "federal" abarca leyes promulgadas por el Congreso, así como también la Constitución federal. Esa limitación es importante, porque la mayoría de las leyes de los Estados Unidos son leyes estatales (por ej., ley de la familia; ley de la propiedad; ley contractual; ley de responsabilidad civil; la mayoría de las leyes penales, de educación, de bienestar social, salud y otras leyes comerciales). Y, tal vez el 95% de todos los procedimientos judiciales tienen lugar en las cortes estatales. El número de casos ante nosotros es también limitado. Tenemos jurisdicción discrecional, recibimos aproximadamente 7,600 solicitudes de audiencia cada año, y tomamos y decidimos entre 80 y 100 casos. Técnicamente hablando, a nuestra decisión de ver un caso el "otorgamiento de una petición de auto de avocación".

A pesar de estas limitaciones, muchas de nuestras decisiones tienen considerable significación legal y práctica. En parte, ello es porque nuestras decisiones son finales, tanto porque no hay más apelación y porque otras ramas del gobierno deben acatar las interpretaciones de la Constitución de la Corte (que puede ser cambiada solamente mediante una enmienda constitucional, lo que normalmente requiere de 2/3 de los votos de cada Cámara del Congreso más la ratificación de 3/4 de los estados). En parte, ello ocurre porque los casos que tomamos presentan problemas difíciles y abiertos - problemas en donde hay argumentos fuertes en ambos lados. Y en parte, ello ocurre porque la historia de nuestra Nación incluye algunas decisiones de la Corte, tales como las decisiones de des-segregación, las decisiones de reparto electoral, y otras, que cambiaron la forma en que funciona el país.

El resultado es que, a pesar de la naturaleza técnica de muchas decisiones de la Corte, los medios de difusión continúan estando interesados en lo que hacemos. Ellos reportan prácticamente todas nuestras decisiones. Analizan las decisiones y explican su significación.

Ahora permítanme referirme a aspectos y problemas que, en mi opinión, todas nuestras cortes, y todos nosotros como jueces, debemos enfrentar.

Para iniciar, señalaré cuatro formas importantes en que los intereses institucionales de las cortes y de los medios de difusión coinciden.

Primero, ambas instituciones son partes esenciales de cualquier sociedad libre, democrática. Una prensa libre es necesaria para narrar al público sobre lo que están haciendo los que están en el poder, y para proveerlos en una forma más general de la información que necesitan para votar y para tomar otras decisiones políticas de una manera inteligente. Un poder judicial independiente es necesario para garantizar la existencia continuada de las condiciones previas necesarias para la democracia, tales como una prensa libre; y para asegurar que los que están en el poder no puedan despojar a los ciudadanos, en la práctica, de las libertades que en principio están garantizadas por una Constitución.

Segundo, una prensa libre, mediante el reporte de las actividades de los mismos jueces, puede ayudar a construir y a mantener la confianza del público en el poder judicial. Consideren el siguiente ejemplo. Cada año, todo juez federal debe presentar una declaración financiera que hace públicos todos los bienes de la familia, todos los ingresos, y todos los regalos, en detalle, y de todas las fuentes. Al reportar esos asuntos, la prensa puede interferir en la vida personal de un juez, al hacer pública la riqueza y los ingresos de éste y de su familia. Pero el beneficio para la institución judicial es a pesar de todo considerable, porque la presencia de los reporteros libres de introducirse en tales asuntos ayuda a dar garantías importantes contra la corrupción y de ese modo ayuda a asegurar al público tanto que el sistema judicial es, y merecer ser, verdaderamente independiente.

Tercero, la prensa, al explicar al público las decisiones de una corte, puede ayudar a que se cumpla con la ley. Ello es porque la ley, a pesar de que a menudo depende de su coerción de las interpretaciones y de las explicaciones a los clientes por parte de los abogados, es más a menudo auto-coercionada a través de los esfuerzos por parte de los funcionarios públicos, firmas comerciales, e individuos privados, que actúan sin abogados, para ponerse dentro de la ley con lo que ellos creen que la ley requiere.

Cuarto, la prensa, al buscar la significación práctica de las decisiones legales, puede ayudar a que haya mejores interpretaciones de la ley en posteriores decisiones relacionadas. Ello se debe a que la ley, en general, busca ayudar a los miembros de las sociedades libres a obtener los beneficios de vivir juntos en forma cooperativa; las leyes particulares buscan hacer esto en formas particulares; y reportar sobre los impactos diferentes de las formas diferentes de interpretar disposiciones particulares, ya sean estatutarias o constitucionales, pueden a veces ayudar a una corte a determinar si una interpretación particular es consistente con el objetivo básico de la disposición. A este grado, por ej., hasta donde tales consideraciones sean relevantes en un caso particular, la prensa puede ayudar a una corte, como puede también ayudar al público en general, a cumplir mejor su función básica.

Luego, permítanme mencionar ese hecho que, a pesar de la necesidad de que exista una relación de cooperación entre las cortes y los medios de difusión, existen diferencias institucionales significativas que inevitablemente crean fricción. Por una cosa, los medios de difusión, como institución, tienen éxito en lo que es interesante. El periodista que reporta "noticias" aburridas tendrá que buscarse otra profesión. Y los seres humanos, en mi opinión, en forma natural y tal vez admirablemente, encuentran las historias humanas de otros seres humanos de mayor interés que las ideas o los reportajes impersonales de las actividades de las instituciones. Si es así, los medios de difusión, si hablamos desde un punto de vista institucional, deben tener un atajo hacia lo personal.

En contraste, el poder judicial no tiene interés en ser interesante. Su trabajo consiste en considerar de manera detallada las evidencias, los precedentes, las reglas, y el trabajo de comprensión de las instituciones, que, como mucho trabajo administrativo, es altamente interesante hacer, pero a menudo aburrido describir. Lo que es más importante, la legitimidad de este trabajo, y la consecuente aceptación y obediencia pública de la ley, depende en parte de que el público entienda las determinaciones judiciales, sin embargo, cierro la pregunta en cuestión, como el trabajo impersonal de la ley, no como la elección personal de un juez individual. (Nuestras togas negras pueden, en parte, representar que sumergimos nuestras propias identidades en la de la ley). Cuanto más escriben los medios de difusión sobre el juez individual, mayor es la probabilidad de que el juez se convierta en una "personalidad" conocida en detrimento (en mi opinión) del gobierno de la ley.

Además, si los medios de difusión interpretan en forma errónea o sensacionalizan el trabajo de una corte, los jueces no pueden ser responsabilizados por ello. Cuando nos negamos a tomar un caso, a menudo se reporta, por ejemplo, como si estuviéramos de acuerdo con el resultado de la corte inferior - una interpretación equivocada. A pesar de que normalmente no es prudente que las cortes corrijan cualquier interpretación equivocada. Aparte del aforismo de que uno no puede ganar una discusión con la prensa (lo cual puede o no ser verdad), los jueces a menudo carecen de tiempo y tal vez del talento, para entrar en un debate prolongado sobre su propio trabajo; y en cualquier tal debate pueden bien parecer que están a la defensiva. Esa es la razón por la cual el tribunal, no los jueces, típicamente tratarán de corregir las malas interpretaciones de las opiniones de la corte.

Finalmente, los medios de difusión, hablando desde un punto de vista institucional, son llevados a saber más, y no menos, sobre el tema que examinen, cualquiera que éste sea. Idealmente, desde esa perspectiva, todas las deliberaciones de la corte podrían llegar a ser públicas. Sin embargo cualquier tal publicidad impediría en mi opinión, ese intercambio franco y pleno de ideas preliminares que permite que un grupo de varios jueces (tal vez cambiando los puntos de vista iniciales de algunos jueces) llegue a una determinación final adecuada sobre un punto difícil de la ley. Y, por supuesto, nuestra Corte no tiene secretos, porque la opinión en cada caso manifiesta en totalidad el razonamiento que yace detrás de nuestra determinación final.

Permítanme a continuación mencionar algunos de los detalles respecto a la forma en que nuestra Corte interactúa con los medios de difusión. Reservamos algunas oficinas en la planta baja de nuestro edificio para los miembros de la prensa, en particular para los periodistas que actúan como corresponsales de la Corte Suprema de tiempo completo para algunos de nuestros periódicos más importantes y otras agencias de noticias. Los periodistas tienen acceso a todos los reportes y discusiones de los abogados, que son típicamente presentados mucho antes de que un caso sea discutido oralmente; y los periodistas de tiempo completo de la Corte Suprema probablemente leerán esos reportes y argumentos de la misma manera que lo hacemos nosotros. También reservamos un grupo de asientos en la sala de audiencias cerca del frente para los periodistas.

Todas las decisiones que sean reportadas contienen encabezados que resumen el caso y lo que la corte sostiene. Estas notas son escritas por abogados profesionales en nuestra oficina de Reporteros de la Corte. Ellas están verificadas con los escritos del juez antes de que el caso sea informado.

Tenemos un personal de prensa, que consiste de un funcionario de prensa de tiempo completo y de asistentes. El funcionario estará disponible para hablar con los periodistas. Ocasionalmente responderá en nombre de la Corte sobre asuntos que no involucren casos legales. También responderá a preguntas sobre casos que están siendo decididos, pero evitará hacer comentarios sobre los temas legales en el caso. La opinión misma, junto con los encabezados, deben explicarse por si mismos.

Los jueces individuales rara vez otorgan entrevistas a la prensa. Ellos pueden, en dependencia de sus predilecciones personales, reunirse con periodistas de manera ocasional, digamos una o dos veces en el año. Pero dichas reuniones están en principio dirigidas a hacer lo que de otro modo es un aislamiento bastante completo de los jueces de la prensa, menos que un impedimento personal absoluto. Son normalmente "visitas de cortesía" para que los jueces no discutan casos y es improbable que los periodistas se enteren allí de nada nuevo.

El reportaje para la televisión ocurre principalmente en forma de entrevistas de, digamos, las partes o tal vez de los abogados, fuera del edificio de la Corte Suprema, o, digamos, una fotografía televisada del periodista que estuvo presente en la discusión. No permitimos cámaras dentro de la sala de audiencias.

Finalmente, permítanme mencionar algunos de los actuales temas relativos que podríamos discutir. Primero, existe un debate actualmente sobre si deberíamos o no permitir que se televisen las audiencias en nuestra Corte. Los que están a favor de admitir las cámaras de televisión en la sala de audiencias argumentan, por ejemplo, que 1) al igual que el reportaje televisado del Senado y de la Cámara de Representantes, una transmisión televisiva completa de toda una discusión puede proveer una mejor cuenta de lo que ha ocurrido que una narración parcial por parte de un reportero; 2) el público verá que la Corte trabaja bien, manejando los casos difíciles en la forma que pretendían los que enmarcaron la Constitución; y 3) es injusto permitir que la prensa escrita pero no la prensa televisiva esté presente en la discusión con las herramientas de su oficio. Los que se oponen a que se admitan las cámaras argumentan, por ejemplo, 1) que es más probable que los jueces lleguen a ser conocidos como personalidades individuales; 2) que televisar las discusiones afectará el comportamiento de los abogados y restringirá el interrogatorio desde el estrado; 3) que la televisión, que llega a una audiencia mayor que a la que llega la prensa escrita, no puede presentar toda la discusión con justeza; 4) que el permiso para la televisión en nuestra Corte conducirá (a través de su poder simbólico) a la introducción de la televisión en todos los tribunales de primera instancia, donde puede tener efectos indeseables (muchos estados permiten tales juicios televisados); y 5) la introducción de la televisión tendrá un efecto desconocido, posiblemente dañino, sobre la confianza que el público actualmente deposita en la Corte.

Segundo, ¿Hemos trazado debidamente la línea con respecto a nuestra exposición personal a la prensa? ¿Deberían los jueces individuales hablar más a la prensa? ¿Deberían ellos nunca hablar con la prensa? ¿Cómo traza uno una línea que balancee debidamente la necesidad de lo que uno debería llamar "la no exposición" judicial con la necesidad de informar al público (en una sociedad democrática) sobre lo que hacemos y cómo lo estamos haciendo?

Tercero, ¿qué podríamos hacer para impedir los reportajes inexactos o sensacionalistas -- un problema que existe principalmente fuera del mundo periodístico que está representado por los reporteros que tienen oficinas en nuestro Palacio de Justicia (cuyos reportes son usualmente exactos)?

Finalmente, quisiera simplemente repetir lo que todos conocemos por nuestras experiencias. Todos estamos plenamente conscientes de la necesidad de procesos judiciales justos e independientes, como una garantía esencial de muchas otras libertades humanas básicas. También estamos plenamente conscientes de la necesidad de que exista la libre expresión y una prensa libre, también garantías necesarias de un gobierno democrático. A veces estas necesidades coinciden; a veces no. Estoy consciente, a partir de mi propia experiencia en situaciones en que la necesidad de reportar por parte de la prensa ha tenido que ceder, por ejemplo, a la necesidad de mantener en privado la identidad de los jurados en casos criminales con el fin de garantizar un juicio justo, o la necesidad de garantizar la privacía personal a ciudadanos individuales. La manera de reconciliar estos importantes intereses cuando ellos divergen es importante para nuestras Cortes, es importante para nuestra ley, y es importante la gente de nuestros países, que buscan tanto la libertad como la justicia. Eso también es difícil. En consecuencia, estoy sumamente interesado en escuchar sobre sus experiencias en situaciones similares.

[1]Juez, Corte Suprema de los Estados Unidos.