Sentencia Penal de Corte Suprema de Justicia (Pleno), 2ª de lo Penal, 27 de Agosto de 2010

Ponente:José Abel Almengor Echeverría
Fecha de Resolución:27 de Agosto de 2010
Emisor:Segunda de lo Penal
 
CONTENIDO

VISTOS:

El Segundo Tribunal Superior del Primer Distrito Judicial, mediante sentencia N° 43 de 15 de julio de 2009, condenó a C.E.R.C. a la pena principal de 8 años de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por el mismo término de la sanción principal, por ser autor del delito de homicidio doloso simple, cometido en perjuicio de K.K.R..

Contra esta medida jurisdiccional, el licenciado T.A.V., quien actúa en su condición de apoderado judicial del sentenciado R.C., anunció y sustentó, oportunamente, recurso de apelación.

DISCONFORMIDAD DE LA PARTE APELANTE

El defensor particular del imputado se muestra disconforme con la sentencia censurada, por considerar que en el expediente no se encuentra acreditado que su patrocinado actuó dolosamente en el acto de suprimirle la vida a K.K.R..

Explica el recurrente, que "mi cliente JAMAS, tubo (sic) la intensión (sic) de acabar con la vida de su pareja, y si hubiese sido así, pues no hubiesen ido a ese lugar, mas bien la hubiese llevado a un lugar lejano y oscuro, yb (sic) no a un lugar en plena ciudad" (f.819); que a "REYES, se le olvidó su arma de reglamento en el carro, significa esto que nunca existió el ánimo de ultimar a su pareja" (f.820); que "el informe de los peritos con la declaración de mi cliente concuerdan en modo, tiempo y lugar, por lo que no hay lugar a dudas que todo fue accidental" (f.823); que el elemento dolo "se encuentra ausente en el presente caso, pues no es posible que quien actúa con dolo de consumación utilizando un arma de fuego que tiene 13 municiones, solamente disponga utilizar una y todavía como si fuera poco olvidar el arma o instrumento con que se va a cometer el delito como ocurrió en el caso que nos ocupa" (f.824); y que "todo se da producto de un lamentable accidente por descuido y falta del deber de cuidado de nuestro representado de portar su arma sin seguro al momento de subir a la habitación" (f.825).

En base a lo anterior, la defensa técnica solicita que se revoque la sentencia condenatoria impugnada y se emita "una sentencia absolutoria a favor de CESAR REYES CAMARENA" (f.833).

OBJECIONES DE LA PARTE QUERELLANTE

El recurso de apelación propuesto fue objetado por la firma forense O. &O., la que actúa en su condición de apoderada judicial de la parte querellante.

La firma objetante solicita se confirme la sentencia de primera instancia cuestionada, básicamente, por estimar que con antelación al hecho la víctima y el imputado "tenían comprobadas diferencias personales" (f.838); que la experticia médica practicada al procesado "reflejó que estaba consciente y negó haber tenido contacto físico o sexual con la víctima; lo cual demuestra que su propósito, al llevarla a la habitación...era...asesinarla" (f.840); que el imputado "sabía manipular perfectamente la pistola que le asignó la institución...por tanto, se imposibilita pensar que...ignoraba que su propia arma de fuego estaba cargada" (f.841); que "la reacción del procesado, luego de cometer el hecho punible no se ajusta a la lógica de un accidente" (f.841); y que el hecho de brindar "un apellido y número de cédula distinto al suyo...para no ser identificado posteriormente, comprueba que tenía planeado cometer un hecho delictivo" (f.842).

ANÁLISIS DE LA SALA

Mediante resolución judicial de 19 de octubre de 2009, el juzgador de primera instancia concedió, en el efecto suspensivo, el recurso de apelación formalizado por la defensa particular del sentenciado y dispuso su remisión a esta Superioridad, por lo que, en este momento procesal, corresponde examinar la procedencia del reclamo formulado por el apelante, de acuerdo a la regla legal estatuida en el artículo 2424 del Código Judicial.

En cumplimiento de esa función jurisdiccional, la Sala refiere, como cuestión preliminar, que el presente caso guarda relación con la muerte de K.K.R., hecho de sangre ocurrido en horas de la mañana del 21 de julio de 2005, mientras permanecía acostada en la cama ubicada en el interior de la habitación 304 del Residencial Alameda situado en calle 30 este y Avenida Cuba, Distrito de Panamá, Provincia de Panamá, a consecuencia de un impacto por arma de fuego recibido en el área de la cabeza, que le propinó su acompañante C.E.R.C., quien en ese momento se desempeñaba como miembro de la Policía Nacional.

Según las consideraciones médicas consignadas en el protocolo de necropsia, la causa de muerte de la víctima fue por "Herida P. por Proyectil de Arma de Fuego en la Cabeza" (f.209).

Mediante resolución de 26 de julio de 2005, la Fiscalía Auxiliar de la República dispuso someter a R.C. a los rigores de la medida cautelar personal de detención preventiva (f.157) y en diligencia calendada 2 de agosto de 2005, se ordenó la inmediata suspensión de su cargo como miembro activo de la Policía Nacional, con el rango de teniente (fs.175-176).

Mediante Vista N° 98 de 19 de julio de 2006, la Fiscalía Tercera Superior del Primer Distrito Judicial, solicitó la apertura de causa criminal contra R.C., por la infracción de las normas legales contenidas en Libro II, Título I, Capítulo I del Código Penal de 1982 (f.576). Esta petición fiscal fue atendida por el Segundo Tribunal Superior de Justicia, mediante auto N° 263 de 24 de noviembre de 2006 (f.635).

El imputado R.C. renunció expresamente a su derecho a ser juzgador por un tribunal de jurados de conciencia (f.779), por lo que el proceso penal se sustanció de acuerdo a las reglas ordinarias del juicio en derecho.

El juzgador de la causa arribó a la decisión de declarar penalmente responsable a R.C., como autor del delito de homicidio doloso simple, en perjuicio de K.K.R., tras esbozar las siguientes argumentaciones fácticas:

"el imputado aprovechando que ésta solicitó una sábana, sacó de su vehículo el arma de fuego, bajo la excusa que era su responsabilidad custodiarla...REYES CAMARENA es una persona entrenada en uso de arma de fuego, lo cual lo coloca en posición especial y obligatoria de conocer las medidas preventiva que se deben adoptar para evitar poner en riesgo la vida de terceros...no se cuenta con elementos que justifiquen que el mismo, próximo a sostener una relación íntima con la agraviada ingrese a la habitación con el arma sin seguro...Las explicaciones expuestas por el imputado....antes de suscitarse el hecho...denotan una conducta impregnada de malestar o celos...el agresor ingresó a la recamara (sic) con el arma sin seguro y con el martillo hacia atrás o sea apta para producir el disparo" (fs.807-809).

En este momento procesal, el reparo central planteado por la parte recurrente, exige determinar si el suceso de sangre donde pierde la vida K.K.R., fue consecuencia de un acto culposo, de falta del deber de cuidado del imputado R.C., o si por el contrario, tal como lo sostuvo el Tribunal "A-Quo", el procesado actuó dolosamente con el ánimo de suprimir la vida de Rincón.

El concepto "dolo", según lo enseña la doctrina, alude a "la producción de un resultado típicamente antijurídico, con conocimiento de las circunstancias de hecho que se ajustan al tipo y del curso esencial de la relación de causalidad existente entre la manifestación de voluntad y el cambio en el mundo exterior, con conciencia de que se quebranta un deber, con voluntad de realizar el acto y con representación del resultado que se quiere, o consiente" (JIMÉNEZ DE ASÚA, L.. Tratado de Derecho Penal; Tomo V, E.L.S.A., Buenos Aires, 1956, pág.417).

El artículo 31 del Código Penal de 1982, normativa penal aplicable a la situación jurídica del imputado R.C., establece que "Obra con dolo quien quiere la realización del hecho legalmente descrito, así como quien lo acepta, previéndolo por lo menos como posible".

Como se aprecia, la normativa penal contempla dos clases de dolo: 1. el directo, representado por la intención cierta de ejecutar el hecho (Abarca las consecuencias que constituyen el fin que el agente se propuso, es decir que, la realización típica llevada a cabo es justamente la perseguida por el autor); y 2. el eventual, cuando el sujeto se representa el resultado como de probable producción (Abarca las consecuencias no comprendidas en los fines del agente, pero que, en la persecución de éstos, existe la posibilidad de que se produzcan; se trata de que la realización perseguida lleva consigo un hecho típico probable con el cual el autor cuenta dentro de la realización llevada a cabo) (Cfr. F.B., C.. Derecho Penal (introducción y parte general); Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1998, pág.327 y BUSTOS RAMÍREZ, J. y HORMAZÁBAL MALARÉE, H.. Lecciones de Derecho Penal, V.I., Editorial Trotta, Madrid, 1999, págs.69 y 70).

De otra parte, el concepto "culpa", representa "una incorrecta dirección de la voluntad que no emplea el cuidado debido al realizar una conducta, que no está encaminada a producir un hecho punible, pero que por la omisión del cuidado debido, lesiona un bien penalmente tutelado" (G.L., Orlando. El Homicidio, Tomo II; Editorial Temis S.A., Santa Fe de Bogotá, 1997, pág.3).

El artículo 32 del Código Penal de 1982, preceptúa que "Obra con culpa quien realiza el hecho legalmente descrito por inobservancia del deber de cuidado que le incumbe de acuerdo con las circunstancias y sus condiciones personales y, en el caso de representárselo como posible, actúa confiado en poder evitarlo".

En el presente caso, la Sala advierte que el accionar desplegado por R.C. no califica como un homicidio culposo o imprudente, fundamentalmente porque la excusa que a lo largo del proceso señaló el imputado y que en este momento reitera su defensa particular, consistente en que el arma de fuego se disparó de manera accidental hiriendo mortalmente a la víctima, no se encuentra acreditada en el proceso. Por el contrario, las piezas de autos dan cuenta que el desenlace fatal fue el resultado del ejercicio de un claro, directo e inmediato hecho intencional por parte del procesado, indicativo que en su proceder delictivo está presente lo que se conoce como "dolo directo".

A propósito de lo anterior, se destacan las siguientes consideraciones fácticas, que vienen apoyadas en diversas piezas de convicción consultables en la actuación:

Primera situación:

El imputado R.C., al prestar su declaración indagatoria, manifestó que tenía "el rango de teniente", con "once años y once meses de servicio" y que maneja armas "desde el tiempo que ingresé a la Policía Nacional" (f.166). Esta información, a juicio de esta Superioridad, aleja la posibilidad que el arma de fuego que portaba el imputado, por error o por falta de pericia, se hubiese percutado fortuitamente, porque no estamos frente al caso de un sujeto improvisado en el uso de un arma de fuego, sino de una persona entrenada, que tiene una formación académica y práctica en el manejo de este tipo de armamento, y que además contaba con una vasta experiencia como miembro de la Fuerza Pública.

Segunda situación:

En el expediente consta el examen pericial practicado por la Sección de Balística de la anterior Policía Técnica Judicial, al arma de fuego empleada por R.C., mediante el cual se certifica que "El arma en estudio necesita una presión en el disparador de doce (12) libras para efectuar disparador (sic)" (f.446). También obra la declaración jurada del perito balístico R.P., quien explicó que "para introducir una munición en la recámara hay que accionar la corredera o carro hacia atrás y luego tirarlo hacia delante...quedando lista para disparar, si no tiene el seguro accionado esta arma con accionar el gatillo disparador va a producir el disparó (sic)" (f.464); que la única manera que el arma se pudiera disparar era "apretando el gatillo disparador" (f.465); y que "el arma analizada requiere de 12 libras de presión en su gatillo disparador" (f.467).

Las piezas en cita autorizan a sostener que resultaba improbable que el arma del imputado R.C. se disparara accidentalmente, pues no es posible que se percutara el proyectil sin activar el gatillo del arma, ni producto de un movimiento brusco, como lo quiso hacer ver el imputado; por el contrario, queda acreditado que el disparo mortal fue consecuencia de la necesaria colocación por parte de R.C. de su dedo en el mecanismo disparador y de comprimirlo con una presión de aproximadamente 12 libras, hasta producir la detonación; actividad que es consistente para quien, voluntaria y espontáneamente, quiere realizar un disparo.

Tercera situación:

Los diagramas de fojas 436, 438, 452 y 453, confeccionados por la Sección de Planimetría Forense de la entonces Policía Técnica Judicial y la vista fotográfica de foja 601, que corresponde a la inspección ocular realizada en el lugar de los hechos; elaborados a partir de la versión ofrecida por el imputado, detallan el lugar donde se mantenían víctima y victimario y el sitio donde reposaban los diversos objetos que se encontraban en el interior de la habitación, permitiendo establecer que el imputado, necesariamente, cuando ingresó al cuarto, tuvo que dirigir y apuntar su arma hacia el preciso lugar donde estaba ubicada la ofendida.

En efecto, las pruebas supracitadas demuestran que la víctima, previo al desenlace fatal, permanecía acostada en el extremo derecho de la cama y este mueble se encontraba situado en el extremo derecho de la habitación; además, el imputado estaba de pie, o sea, a una mayor altura respecto del lugar donde yacía la hoy occisa. Tal posición, vista desde el ángulo de entrada de la puerta del cuarto, no colocaba a la ofendida exactamente de frente al imputado, ni a una altura compatible con la posición en que se encontraba el arma. Es decir, cuando el imputado abre la puerta de la habitación, la zona que le quedaba de frente era el lado izquierdo de la cama, y por razón de altura, el arma apuntaba hacia la parte superior de ese lado izquierdo de la cama; de manera que de haberse disparado el arma accidentalmente, en los términos que expuso el imputado, la probabilidad de impactar a la víctima era nula.

Es notable la diferencia entre el lugar donde se encontraban víctima y victimario, y ello se basa en medidas precisas. En ese sentido, se observa que del lugar donde el imputado mantenía el arma hasta donde se situaba la ofendida, se estableció una distancia de separación, entre estos dos puntos, de 0.73 metros; mientras que con relación a la altura, se fijó en 0.95 metros el punto donde se ubicaba el arma que mantenía el procesado, y de 0.69 metros donde se localizaba la ofendida.

La estimación de estas diferencias de espacio y altura entre el arma del imputado y el sitio donde permanecía la víctima, pone de relieve que el imputado, al ingresar a la habitación, tuvo que movilizar su arma hacia la derecha y hacia abajo, es decir, hacia el lugar donde se encontraba la víctima, y ello a criterio de Sala, hace palmaria la intención manifiesta de propinarle un disparo a la ahora finada.

Cuarta situación:

Las vistas fotográficas consultables a fojas 546, 547 y 548, que corresponden a la diligencia de reconstrucción de los hechos, demuestran que, previo a ingresar a la habitación, el imputado sostenía el arma de fuego con ambas manos, cubriéndola con una sábana; sin embargo, al llegar a la entrada del cuarto, procede a colocar la sábana en su mano izquierda y con esta misma mano abre la puerta, mientras que ubica en su mano derecha, el arma de fuego. Es decir que, antes de abrir la puerta de la habitación, el imputado se acomoda para mantener libremente en su mano diestra, el arma de fuego; siendo un movimiento que es consistente para quien tiene previsto la idea de emplear el arma. Y, es que de no haber tenido esa predisposición delictiva, el raciocinio lógico indica que, siendo derecho el imputado, el comportamiento natural y automático, hubiese sido el de colocar la sábana y el arma en su mano izquierda y proceder a abrir la puerta de la habitación con su mano diestra, la derecha.

Quinta situación:

El imputado R.C., al ser cuestionado sobre por qué se "retiró del lugar sin tratar de brindarle los primeros auxilios a la joven", respondió que "al momento que me le acerqué a ella...me imaginé que estaba muerta...si la oigo quejarse o decir algo, arranco con ella" (f.167).

Ahora bien, de acuerdo a lo señalado por E.D.G.O., primer miembro de la Fuerza Pública en llegar a la escena del delito, la ofendida "se encontraba con signos vitales" (f.45); "Ella estaba emitiendo un gemido parecido a quien se encuentra llorando" (f.84). Esta versión del agente G.O., es corroborada por R.I.V., paramédico del cuerpo de bomberos, quien depuso: "Ella se quejaba con sonidos que recuerdo de quejidos y llegó a decirnos 'SALVEME' eso lo escuché cuando la íbamos bajando de la habitación en camilla hacia la ambulancia. Ella nos miraba fijamente en el trayecto de la ambulancia hacia el hospital" (f.390).

Como se aprecia, se encuentra acreditado que la víctima no murió de manera inmediata al recibir el disparo y al momento de ser socorrida presentaba signos vitales, comprobación que no sólo desacredita la excusa que ofreció el imputado sobre el hecho de abandonar en el sitio a la ofendida; además, revela un actuar doloso por parte de R.C. de procurar la materialización de su designio criminal de ultimar a R., pues ese comportamiento de abandonar a la víctima y alejarse rápidamente de la escena del hecho, no se compadece con la conducta que, racionalmente, despliega un sujeto que accidentalmente ha herido a una persona apreciada y que aún se encuentra con evidentes signos vitales.

Sexta situación:

Al rendir declaración indagatoria, el imputado R.C. justificó la necesidad de ir en busca de su arma de fuego, alegando que "como responsabilidad como oficial siempre tengo que mantenerla conmigo" (fs.164-165).

No obstante lo expuesto, de su propia versión emergen varias contradicciones e inconsistencias indicativas que no tenía ningún apremio ni justificación legítima para que, en ese preciso momento en que departía con la occisa, fuera en busca de su arma de fuego. Veamos:

R.C., luego de haber señalado que fue en busca del arma, porque es su deber mantenerla siempre consigo, con posterioridad se contradice, manifestando que "mi pistola siempre está en el freno de mano" (f.165), lo que indica que habitualmente la mantenía en el interior de su automóvil. Pero, en diligencia de reconstrucción de los hechos, vuelve a variar su relato señalando que fue en busca del arma, porque "se han dado casos de que rompe el vidrio y se llevan el arma de fuego" (f.,313). Sin embargo, esto último tampoco resulta coincidente con lo que había manifestado en su primera declaración, cuando indicó que decidió alojarse en el Residencial Alameda, porque "tenía seguridad" (f.164), lo que indica que ese temor que su auto fuese objeto de vandalismo y su arma hurtada, resulta infundado.

Aunado a lo anterior, se advierten otras circunstancias que hacen patente la notable falta de justificación para que el imputado se hiciera de un arma de fuego, y es que en ese momento R.C. gozaba de día de descanso, es decir, no le correspondía ejercer funciones de policía; no se encontraba en un lugar ubicado en zona roja; el residencial contaba con medidas efectivas de seguridad, tal como se aprecia foja 544 del expediente, y se aprestaba, de acuerdo a su relato, a sostener relaciones íntimas con la víctima, por lo que la presencia de un arma en un escenario como el descrito, resulta totalmente absurda.

Ante la carencia de algún motivo legítimo o fundado que permitiera establecer que el imputado contaba con una razón justificable para hacerse del arma de fuego, se refuerza el indicio que fue en busca del arma, para concretar el propósito criminal de ultimar a la ofendida, como en efecto, aconteció.

Séptima situación:

En el expediente obran diversos elementos de prueba, que dan cuenta de los cuadros de repentina alteración emocional que caracterizaban al imputado; y de los sentimientos de animadversión que reflejaba la ofendida para con su victimario; circunstancias que, sometidas a una estimación probatoria concatenada y a un adecuado juicio de valor, ponen de relieve que la ejecución de un acto violento contra R., no se presentaba como un hecho extraño ni inconcebible para R.C..

Efectivamente, se encuentra acreditado que R.C. era una persona proclive a padecer estados repentinos de ira. Veamos solamente cómo se comportó momentos antes de acaecer el suceso delictivo:

  1. El imputado admitió que cuando el sargento De La Cruz lo convidó para que acudieran a la Discoteca Farmer, le disgustó que éste lo llamara constantemente, indicando que "me llamó el Sargento DE LA CRUZ para saber si iba o no iba...le dije que si me estaba ladillando" (f.162).

  2. El imputado admitió que cuando estaba en la Discoteca Farmer, se disgustó porque sus compañeros intentaban negociar el precio de una botella de licor, indicando que "DE LA CRUZ y...V., estaban con el gerente viendo una rebaja para la botella, me disgusté y salí y le dije a ellos que cual era la ahuevasón" (f.162).

  3. El imputado admitió que cuando estaba en la Discoteca Farmer, se disgustó al escenificarse un altercado entre unos sujetos que se encontraban en una mesa contigua a la suya y en la que tuvo que intervenir el sargento De La Cruz, indicando que "se formó una pelea...DE LA CRUZ se paró y agarró al hombre y lo sacó...yo me quedé un poco disgustado" (f.163).

  4. El deponente F.A.P.A., indicó que el imputado se disgustó con la víctima mientras permanecían en la Discoteca Farmer, porque aquella había saludado al animador de la discoteca, manifestando que "él le puso problema a ella...porque fue a pedir una canción al D. (sic) y él pensó que se estaba besando con el mismo" (f.96).

  5. Los deponentes D.E.R.B. (fs.49-50) y F.A.P.A. (f.96), indicaron que el imputado mantuvo un altercado verbal con R.B. en la parte exterior de la Discoteca Farmer, debido a que ésta no se despegaba de la ofendida.

  6. El imputado admitió que al acudir en busca de la ofendida a su residencia, se disgustó con J.F.R.G., porque no le había acompañado a la discoteca, indicando que "le reproche (sic) y le dije que era un irresponsable y le hice entrega de la camisa y la correa, incluso le dije que si quería el pantalón se lo daba" (f.164).

    De igual manera, consta que la víctima tenía sentimientos de animadversión frente al imputado. Así, lo señala D.E.R.B., quien señaló que la ofendida "me dijo que no sabía como decirle...que ya no quería nada con él...que a ella no le gustaba él" (f.108). J.F.R.G., depuso que su hermana le dijo que "el teniente R....cansaba y que no sabía como decirle que ella no quería tener nada con él" (f.111); que "mi hermana me había dicho, cuando él la llamó a ella ese día...que le iba a decir a él, que no la molestara tanto, ya que ella tenía su novio, y que no quería nada con él" (f.425). V.H.R.B. declaró que la ofendida salía con un sujeto de ciudadanía colombiana llamado "C."; "se veía más CESAR, el colombiano, que con REYES, que vivía enojado, le pregunté a KELLY...me dio a entender que con REYES, no tenía nada serio" (f.500).

    Lo antes anotado demuestra que el trato que la ofendida le dispensaba al imputado no era de agrado sino de antipatía y que la víctima decidió verse con R.C. el día de los hechos, para informarle que mantenía una relación de noviazgo con otra persona y solicitarle que no la molestara más. Si a esta situación, se abona la proclividad del imputado de sucumbir en cuadros de ira y disgusto repentino, la Sala advierte que en el presente caso, lógica y razonadamente, se cuenta con un móvil aparente para que el sujeto activo haya perjudicado la integridad física de la ofendida.

    Ahora bien, podría justipreciarse que entre víctima y victimario no existías desavenencias notorias, por el hecho que la ofendida accedió voluntariamente a acompañar al imputado al Residencial Alameda. No obstante, para la Sala no pasa desapercibido que la ofendida padecía un estado de sujeción o sometimiento frente al imputado, que le dificultaba rehusar o rechazar su compañía, aspecto que estaba motivado por su condición de ciudadana extranjera con status de ilegal en nuestro país, y porque R.C., como oficial activo de la Policía Nacional, estaba en la capacidad de, en cualquier momento, ponerla a órdenes de la autoridad de Migración para su deportación.

    La condición migratoria de la ofendida, fue aprovechada por el imputado R.C. para sujetarla a una relación que no deseaba. Así lo certifica J.F.R.G., hermano de la ahora occisa, quien indicó que el imputado a "mi hermana y mi prima si les había dicho, que iba a usar el rango de él para deportarlas" (f.428). Este señalamiento es corroborado por la deposición brindada por V.H.R.B., quien señaló que el imputado "me dijo delante de ella 'es que su prima, no cree que yo la puedo ayudar aquí...no cree que un informe de un teniente puede pesar mucho'...ella me preguntó...le dije...que con un informe de un teniente la podían dejar en migración" (f.499).

    Entonces, el hecho que la ofendida acompañara al imputado al Residencial Alameda, no constituye un elemento que desacredite la existencia de desavenencias entre víctima y victimario, y tampoco revela que la relación entre ellos marchaba con normalidad, como lo hizo ver el imputado a lo largo del proceso. Resulta un acontecimiento indefectible que la víctima mantenía otra relación sentimental, que la compañía y el trato del imputado le era incómodo y que momentos antes del hecho, la ofendida se aprestaba a comunicarle la existencia de esta nueva relación y que se alejara de ella; y ello frente a un sujeto que padece cuadros de disgustos repentinos; y que por "cualquier cosita sacaba el arma" (f.426), como lo indicó J.F.R.G., plantea el escenario para la ocurrencia de un suceso de violencia producto de un acto voluntario y no accidental.

    Octava situación:

    Consta que la narración de los hechos brindada por el imputado R.C., revela la existencia de contradicciones, inconsistencias y falta de respaldo probatorio, indicativo que su explicación resulta inverosímil, lo que se traduce en un indicio de mala justificación, permitiendo atribuir un sentido desfavorable a su situación penal.

  7. El imputado afirmó que mientras se encontraba en la Discoteca Farmer, la occisa "se fue a conversar con el disc jockey...le dio un besito en el cachete, pero como le digo el grado de confianza, nosotros no nos poníamos bravos por nada" (f.163). Sin embargo, el testigo F.A.P.A., desmintió esa afirmación, señalando que "él le puso problema a ella...porque fue a pedir una canción al D. (sic) y él pensó que se estaba besando con el mismo" (f.96).

  8. El imputado indicó que al discutir con D.E.R.B., prima de la ofendida, lo único que le dijo "es que yo no era un delincuente y que no le iba a hacer ningún dalo (sic) a su prima" (f.163). Sin embargo, D.E.R.B. señaló que el imputado "me dijo usted cree que me la voy a llevar....que cual era la cuidadera...que yo no sabía quien era él, que la podía detener...me amenazo (sic) con deportarme y arrestarme" (fs.49-50).

  9. El imputado indicó que fue a buscar a la ofendida a su residencia porque ésta lo llamó, alegando que "recibí una llamada perdida a las nueve y veintiuno, y luego una llamada recibida a las nueve y veintitrés y era KELLY, le dije que se preparara que yo no podía llamarla" (f.164). Sin embargo, J.F.R.G., hermano de la occisa, manifestó que fue el imputado R.C. quien llamó en dos ocasiones a su hermana, indicando "sonó el celular...le pregunté quién le había llamado y me contestó que había sido el teniente R. que cansaba...A la media hora él llamó nuevamente informándole a mi hermana que ya había llegado" (f.111).

  10. El imputado indicó que cuando se apersonó al Residencial Alameda le dijo a la recepcionista su nombre "CESAR REYES...no se si le di el número de cédula" (f.164). Sin embargo, la diligencia de inspección ocular en el lugar donde ocurrió el suceso delictivo, permite conocer que el imputado R.C. se registró ofreciendo generales falsas, con el nombre de C.R. y con cédula de identidad personal 8-143-134 (fs.12-14 y 16).

  11. El imputado indicó que cuando bajó al área de recepción del residencial "retiré la colcha y le dije a la señora que abriera la puerta para ver mi vehículo....agarré mi pistola...tenía la sábana en la mano disimuladamente tapando la pistola" (f.165). No obstante, en otra declaración de los hechos, el imputado manifestó no recordar "si me dirigí primero a donde la recepcionista o a buscar mi arma" (f.308); posteriormente señaló que fue a buscar el arma "no me la podía poner en la cintura...luego me dieron la sabana (sic) y puse el arma de fuego en la mano derecha y la sabana (sic) cubriendo el arma" (f.308); y culminó sosteniendo que "no recuerdo cuando fui a buscar mi arma al vehículo, si la lleve (sic) en la mano o que con ella si me la puse en la cintura" (f.309).

  12. El imputado indicó que no sabía donde se encontraba su pistola y "le pregunté a KELLY donde estaba mi pistola y ella me dijo que en el carro" (f.165). Sin embargo, seguidamente manifiesta que "mi pistola siempre está en el freno de mano" (f.165), de manera que siendo así no había necesidad de interrogar a la ofendida sobre el lugar donde permanecía su arma

  13. El imputado indicó que "conocí a KELLY años atrás" (f.166). Sin embargo, J.F.R.G., hermano de la occisa, manifestó que "Hace como cinco meses aproximadamente yo le presenté a mi hermana, él empesó (sic) a ir a la Bodeguita lugar donde trabajaba mi hermana" (f.112).

  14. El imputado indicó que su movilización para ir en busca del arma y la cobija fue rápida y por las escaleras, porque "era tanta la desesperación de verla a ella" (f.165). Sin embargo, en una declaración posterior manifestó que bajó y subió las escaleras de manera rápida, en busca del arma y la sábana, "ya que tenía ánimo de descansar" (f.308).

  15. El imputado indicó que "simplemente fui a agarrar mi arma y no se si estaba montada...no se en que momento se montó" (f.166). Sin embargo, posteriormente, manifestó que "En la noche anterior a un sargento se le había ido un disparo...yo le estaba explicando...porque (sic) se le había ido el tiro...dicha explicación se la hice con mi arma y fue el momento que introduje mi arma en la funda...la misma quedo (sic) montada" (fs.311-312).

  16. El imputado indicó que la detonación sobrevino en el preciso momento que "abrí la puerta como de sorpresa" (f.165). Sin embargo, al consultar las vistas fotográficas obrantes a folios 548 y 549 del sumario, que corresponden a la diligencia de reconstrucción de los hechos, el movimiento intempestivo que supuestamente realiza el imputado, no se verifica en el preciso momento de abrir la puerta, sino cuando ya se encontraba en el interior de la habitación.

    Las contradicciones e inconsistencias del imputado se presentan en aspectos significativos de la descripción de los hechos, exhibiendo rasgos de actividad delictiva en su proceder. Y, es que de acuerdo a lo que tiene señalado la doctrina jurisprudencial, el indicio de mala justificación alude a "la explicación falsa, las contradicciones en que incurra el procesado y las explicaciones inverosímiles que suministre"; cuando "ciertos hechos o actos simplemente equívocos adquieren un sentido sospechoso o delictivo si el interesado da, de ellos, una explicación falsa e inverosímil" (Resolución Judicial de la Sala Penal de 30 de junio de 2003).

    CONCLUSIÓN JURÍDICA

    Esta Corporación de Justicia, valorando de manera conjunta, las circunstancias que han resultado acreditadas en el presente proceso y que aluden a que:

  17. El imputado tenía pericia en el manejo y uso de armas de fuego.

  18. El disparo únicamente pudo realizarse colocando el dedo en el gatillo y ejerciendo una presión de aproximadamente 12 libras.

  19. El procesado apuntó su arma hacia la anatomía de la ofendida, considerando la notable diferencia de espacio y altura entre el sitio en que se produce la detonación y el lugar donde permanecía la ofendida.

  20. El imputado, antes de ingresar a la habitación, ubicó su arma en una posición cómoda para utilizarla.

  21. El imputado no brindó ningún tipo de auxilio a la víctima, a pesar que ésta presentaba signos vitales.

  22. El imputado no estableció un motivo serio y fundado que lo indujera para, repentinamente, ir en busca de su arma de fuego.

  23. La personalidad del imputado se caracterizada por cuadros súbitos de ira y de disgusto.

  24. La ofendida rechazaba la compañía del imputado y se disponía, momentos previos al desenlace fatal, a requerirle que no la buscara más y comunicarle que mantenía una relación sentimental con otra persona.

  25. El imputado ejercía un estado de sujeción sobre la ofendida por su situación migratoria, traduciéndose en un elemento que incidió para sujetarla a una relación no deseada.

  26. El relato que ofrece el imputado presenta señales de haber incurrido en actividad ilícita, por razón de contradicciones e inconsistencias.

    Concluye que el deceso de K.K.R. fue consecuencia de un acto espontáneo, voluntario, directo e intencional del imputado C.E.R.C., de donde sigue que el criterio jurídico del juzgador de primera instancia de ubicar su proceder en el tipo penal de homicidio doloso, resulta ajustado a derecho, y en virtud de ello, la medida que se impone es la de confirmar la sentencia condenatoria venida en grado de apelación.

    Por las consideraciones que se dejan expuestas, la SALA PENAL DE LA CORTE SUPREMA, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley CONFIRMA la sentencia N° 43 de 15 de julio de 2009, dictada por el Segundo Tribunal Superior del Primer Distrito Judicial, mediante la cual, se condenó a C.E.R.C. a la pena principal de 8 años de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por el mismo término de la sanción principal, por ser autor del delito de homicidio doloso simple, cometido en perjuicio de K.K.R..

    N. y devuélvase.

    (fdo.) J.A.A.E.

    (fdo.) J.M. E.

    (fdo.) G. E.F.

    (fdo.) MARIANO HERRERA

    Secretario