Génesis y proyecciones de la carta de Jamaica

Autor:Mario Castro Arenas
Páginas:91-100
 
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REVISTA DEBATE
NÚMERO 24 DICIEMBRE 2015
La unión de los pueblos americanos sur-
gió, primero, como un proyecto político
español forjado por los asesores ilustra-
dos de Carlos III. Hacia la primera mitad
del siglo XVIII la decadencia del imperio
español planteó salidas estratégicas al
monarca Borbón para contrarrestar el
desmoronamiento del imperio y la for-
mación de estados americanos indepen-
dientes del control económico y político
de la corona hispana. Para impedir la
disolución del imperio colonial, y ya no
para rescatarlo, el Conde de Aranda, el
Duque de Floridablanca, el humanista
peruano Pablo de Olavide, concibieron
el proyecto de crear una comunidad de
colonias americanas que, poco a poco,
descentralizara el régimen colonial, y
suprimiera las imperfecciones adminis-
trativas acumuladas a partir del imperio
de los Austrias. Bajo la impronta del libe-
ralismo que ganaba terreno en Europa,
la monarquía decidió aojar las manos
del conservadorismo colonial intransi-
gente, pero manteniendo el poder con
un ensayo de Commonwealth que sola-
mente fue una apariencia ilusoria y qui-
mérica de autonomía americana real.
El plan fue audaz pero irrealizable en
los hechos. Por no entender el proyecto
borbónico, España se precipitó en el
desastre. Hacia la primera mitad del siglo
XVIII, las rentas provenientes del Nuevo
Mundo se redujeron hasta el extremo de
generar una forzada austeridad de gas-
tos que reconoció la gravedad de la cri-
sis económica dentro y fuera de España.
Se liquidó la Audiencia de Panamá. El
situado, esto es el presupuesto de gas-
tos administrativos, procedente de las
arcas del virreinato del Perú, bajó seria-
mente las disponibilidades presupuesta-
les, reduciéndose a la mitad la plaza de
soldados españoles acantonados en el
Istmo. Los sueldos llegaban con retraso
tan grande del Perú, al punto que los
soldados, para poder sobrevivir en ese
fatídico lapso de impago, vendían los
sueldos a los astutos especuladores que,
agravando la situación, controlaban la
venta que obligaba a reclutas y ocia-
les a comprar mercadería en las mismas
naves.
La economía española quedó en escom-
bros. “Cuando España entró en el siglo
XIX, continuaba siendo en gran parte
una sociedad estática. Tres cuartas par-
teas de la población vivían en el campo
y una proporción aún más amplia de la
riqueza y el trabajo seguía concentrada
en el sector primario (agrícola) de la
economía. Pero la producción agrícola
no crecía al paso del crecimiento de la
población experimentando por el país
desde nales del siglo XVIII y al exten-
derse la guerra por gran parte del territo-
rio , no era difícil prever tiempos difíciles
para el campo. Por otro lado, sólo enn
Cataluña se podía entrever una embrio-
naria capacidad industrial, pudiéndose
armar que en fecha tan avanzada como
en 1869 , la industria española ni siquiera
podía dar cuenta del cinco por ciento de
las exportaciones”. Donald L.Shaw. Histo-
ria de la literatura española, El siglo XIX.
GENÉSIS Y PROYECCION DE LA CARTA DE JAMAICA
Mario Castro Arenas

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