Sentencia Penal de Corte Suprema de Justicia (Panama), 2ª de lo Penal, 29 de Mayo de 2013

PonenteJerónimo Mejía E.
Fecha de Resolución29 de Mayo de 2013
EmisorSegunda de lo Penal

VISTOS: Ingresó a la Sala Segunda de la Corte Suprema de Justicia, el Recurso de Apelación promovido por la Firma Forense ROSAS & ROSAS, en su calidad de apoderados judiciales de J.J.L.R., contra de la Sentencia de Primera Instancia No. 01, que dentro de un juicio en derecho emitiera el Segundo Tribunal Superior de Justicia, fechada seis (6) de febrero de dos mil doce (2012), mediante la cual resolvió CONDENARLO a la pena de VEINTE (20) AÑOS DE PRISIÓN e inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por igual período, como cómplice primario del delito de Homicidio en perjuicio de MAOR M.C.L.. ANTECEDENTES DEL CASO La presente encuesta penal se inicia con el robo y posterior homicidio de quien en vida se llamó MAOR M.C.L., de 45 años de edad, hecho ocurrido el día veinte (20) de agosto de dos mil nueve (2009), aproximadamente a las cuatro de la tarde (4:00 P.M.), en el Minisuper V., ubicado a inicios de la Avenida Cuba, Edificio Figueroa 40-37, Ciudad de Panamá. Así se tiene que a fojas 2-11 se cuenta con el manuscrito de la diligencia de Reconocimiento y Levantamiento del cadáver, realizada en el local descrito en el párrafo anterior. A fojas 26-31 aparece la declaración jurada suscrita por la señora ORADIS HERRERA, quien refirió que siendo las cuatro de la tarde (4:00 p.m.) del día de los hechos, llegó a la tienda V. a tomarse un jugo y un señor con camisa blanca que venía saliendo del local le abrió la puerta. El señor MAOR (víctima y dueño de la tienda) estaba detrás del mostrador y al lado de éste, donde están las neveras, había un hombre de suéter anaranjado, el cual era delgado, alto, de tez morena, tenía lentes oscuros y una bolsa en uno de sus hombros. Continúa narrando que luego de pagar en la caja, se regresó a la parte de atrás de la tienda a buscar otros artículos, momentos en que escuchó al sujeto arriba descrito cuando le dijo al dueño del local que le diera todo el dinero, mientras lo encañonaba con un arma de fuego. Como el dueño del local se opuso al robo, el sujeto realizó un disparó hacia el suelo, motivando que la víctima sacara su arma y se hicieran intercambios de disparos. Agregó que ambos forcejearon y escuchó al asaltante cuando le decía a la víctima que le volaría los sesos. Durante el forcejeo escuchó tres detonaciones y al dueño del local que le pedía que lo ayudara. Trató de ayudarlo, pero el sujeto la encañonó e hizo que ella le abriera la puerta para poder salir del local. Luego regresó hacia donde estaba la víctima y notó que no tenía pulso. Terminó diciendo que afuera había un sujeto con camiseta blanca, recostado al auto tipo vans de color blanco, en el cual se dieron a la fuga, luego de ocurrido el robo y homicidio investigado. También rinde declaración jurada el testigo protegido TP. F4-22-09, visible a fojas 33-36, el cual detalló que se encontraba por el lugar y se percató de la presencia del panel estacionado afuera de la tienda. Indicó que había un sujeto sentado en el volante del vehículo, cuando de pronto escuchó tres disparos de seguidos, en el preciso instante que ve salir de la tienda a un muchacho corriendo, quien venía agarrándose el costado derecho, procediendo a subirse al auto que lo esperaba y se dieron a la fuga. Prosiguió exponiendo que el vehículo era blanco, con vidrios claros, ni viejo ni nuevo, no estaba chocado; sin embargo, no logró ver el número de la matrícula. Igualmente consta el Informe de Novedad suscrito por el M.U.S., documento en donde expuso que estando en el Hospital Santo Tomás, centro hospitalario donde fue llevado el asaltante (el asaltante responde al nombre de M.A.R.A., de 20 años de edad), y quien también perdiera la vida en el cruce de disparos con el dueño del local, se percató de la presencia de un ciudadano bastante nervioso que se mantenía distante a la entrada, vestido con una camiseta blanca, jeans azul y zapatos de gamuza. Procedió a preguntarle a las unidades quién era la persona que había llevado al herido y le indicaron que era el sujeto que había visto en actitud sospechosa, por lo que dispuso interrogarlo al respecto. El sujeto resultó ser J.J.L.R., de treinta (30) años de edad, quien le manifestó que había recogido al herido en el sector de S.M., ya que se había producido un intercambio de disparos y que únicamente había apoyado con su traslado hacia el hospital. Que la versión ofrecida por dicho sujeto le pareció sospechosa, toda vez que el área de S.M. estaba fuertemente custodiada por la Policía Nacional, y no se tenía reportes de ninguna novedad en el sector. También informó que el sujeto a que hace referencia conducía un vehículo microbús, color blanco, matriculado 437984. (Fojas 70-72) Rinde declaración jurada la señora R.J.V.R., quien en lo medular de su deposición afirmó que el día de los hechos se encontraba viendo DVD en su casa junto a sus hijos, cuando de pronto escucharon una bulla, de manera que al ir a ver lo que ocurría, vieron un carro estacionado en la parte de atrás del edificio y a un muchacho que manejaba el bus, quien abrió la puerta y ahí estaba MYKOL acostado teso y mirando hacia arriba. Indicó haber obligado al conductor del vehículo a que los llevara al hospital, lugar donde ambos fueron retenidos. (Fojas 87-91) Corre de fojas 92-95 la declaración jurada de D.Y.A.M., esposa del dueño del local, quien expresó que el día del hecho se encontraba laborando en Plaza Concordia, entonces una chica que vive en el mismo lugar que ellos la llamó para decirle que fuera urgentemente al local, ella procedió a cerrar el local donde trabajaba y se fue a la tienda, lugar donde se entera que habían matado a su esposo. El despacho de instrucción, es decir, la Fiscalía Cuarta Superior del Primer Distrito Judicial de Panamá, a través de Providencia fechada veintiuno (21) de agosto de dos mil nueve (2009), la cual se aprecia a fojas 99-108, dispuso la detención preventiva y la receptación de declaración indagatoria de J.J.L.R., como presunto infractor de las disposiciones contenidas en el Libro II, Título I, Capítulo I, del Código Penal, esto es, por el homicidio de MAORMICHEL C.L. (q. e. p. d.). (Fojas 99-108) El señor J.J.L.R., al momento de rendir su declaración indagatoria, le informó al despacho de instrucción que el día de los hechos se encontraba en el Distrito de Veracruz vendiendo comidas en compañía de su madre. Que como las ventas no estaban muy buenas a causa de las lluvias, se dirigieron a la ciudad a comprar unos utensilios y envases plásticos para guardar las carnes. Dijo haber dejado a su madre en el área del Campeón, a eso de las dos y cuarenta y cinco (2:45 p. m.) de la tarde, para luego dirigirse al Popeye de Calidonia a comprar una comida para llevar. De ahí se fue al M. a vender el resto de las comidas. Estando en el lugar, se le acercaron dos sujetos, quienes lo encañonaron y lo obligaron a que los llevara al sitio donde se dieron los hechos. Continuó narrando que al llegar al lugar donde le ordenaron ir, el sujeto que iba sentado adelante se bajó e ingresó a la tienda, mientras el que iba atrás lo encañonaba y le decía que no hiciera "nada bruto", mientras tanto él se tomaba una coca-cola. Prosiguió diciendo que escuchó unos fuertes golpes dentro del establecimiento como cuando uno cierra una puerta de hierro. Acto seguido el sujeto que había ingresado al lugar, regresaba fumándose un cigarrillo marca "M.", y al ingresar al auto le pide al compañero que lo lleven al hospital, situación que él (J.J.L.R.) aprovecha para forcejear con este sujeto para bajarlo del auto; sin embargo el otro compañero tomó control de la situación. Depuso que al salir del lugar lo obligaron a dirigirse hacia el sector de S.M., en donde unas personas se encontraban esperando, de manera que al llegar se bajó del vehículo y le pedía a las personas que lo dejaran ir, pero las mismas lo obligaron a llevar al herido al hospital Santo Tomás, lugar donde fue aprehendido por las unidades de la Policía Nacional. (Fojas 145-157) Consta en el expediente, visible a fojas 462-467, el protocolo de Necropsia de quien en vida se llamó M.A.R.A. (sujeto que ingresó al local comercial), en donde la D.Y.D.C.M. dictaminó que la muerte se dio producto de: a. Perforación del Cayado de la Arteria Aorta Torácica. b. Herida P. por Proyectil de Arma de Fuego al Tórax. A fojas 534-538 se encuentra el Protocolo de Necropsia de quien en vida se llamó M.M.C.L. (dueño del local comercial), en el que la D.K.P.M. dictaminó que la muerte se dio producto de: a. Shock Hemorrágico. b. Lesión de Grandes Vasos en Tórax. c. Herida por Proyectil de Arma de Fuego en Tórax. El imputado amplía su declaración indagatoria el día treinta (30) de diciembre de dos mil nueve (2009), oportunidad que aprovechó para señalar que iba a decir la verdad de los hechos, ya que realmente conocía a los sujetos que participaron del robo y homicidio, debido a que los mismos eran sus clientes y que anteriormente habían compartido una soda. Refirió que estas personas (MYKOL y el otro sujeto identificado como CHINO) se le acercaron a pedirle que les hiciera el favor de llevarlos al local comercial, puesto que iban a cobrar un dinero por unos trabajos previamente realizados por CHINO. Cuando llegan al sitio, ve que MYKOL iba con una arma de fuego en la mano y CHINO le encañona y le dice que no haga "nada bruto". Cuando sale MYKOL, se monta al auto y el que se había quedado encañonándolo (CHINO) hace una llamada desde su celular (el celular del imputado) y le dice que se dirija hacia Calle N, por el edificio Carnaval. Al llegar al lugar es abordado por unas mujeres que lo obligan a llevarlos al Hospital Santo Tomás, lugar donde dijo que el incidente se dio en una balacera en la Avenida Nacional, tal como lo manifestaban las mujeres que fueron con él hacia dicho centro hospitalario. (Fojas 548-551) Mediante Vista Fiscal No. 148 de veintisiete (27) de mayo de dos mil diez (2010), la Fiscalía Cuarta Superior del Primer Distrito Judicial solicita dictar un Auto de Llamamiento a Juicio en contra de J.J.L.R., por la presunta comisión del delito Contra la Vida y la Integridad Personal (Homicidio), en perjuicio de M.M.C.L.. (Fojas 732-742) A través de Auto No. 135 de veinticuatro (24) de mayo de dos mil once (2011), el Segundo Tribunal Superior de Justicia dispuso acoger la recomendación del Ministerio Fiscal y abre Causa Criminal en contra del imputado. (Fojas 782-794) CRITERIOS Y CONSIDERACIONES DEL TRIBUNAL DE PRIMERA INSTANCIA El Segundo Tribunal Superior de Justicia, luego de evaluar todo el caudal probatorio incorporado durante la fase de investigación, sumado a las condiciones y circunstancias en que se dieron los hechos, previa audiencia en derecho, resolvió declarar a J.J.L.R.P.R. y lo condenó a la pena de VEINTE (20) AÑOS de Prisión e Inhabilitación para el ejercicio de Funciones Públicas por igual periodo de tiempo, al tenerlo como Cómplice Primario del Delito de HOMICIDIO en perjuicio de M.M.C.L. (q. e. p. d.). El Juzgador A-Quo sustentó su decisión basado en que si bien el imputado no fue quien ingresó a la tienda V., ni fue la persona que accionó el arma de fuego causándole la muerte a su propietario, fue la persona que llevó al sujeto que entró a robar al lugar antes descrito, razón por la cual al verlo ingresar con arma en mano, podía representarse como posible el resultado de muerte de alguna de las personas que se encontraran presentes. De ahí que lo condenó en calidad de cómplice primario, al estimar que sin su auxilio no se habría cometido el homicidio bajo examen. (Fojas 858-866) CONSIDERACIONES DEL APELANTE En lo medular de su escrito de sustentación de apelación, el recurrente sostiene que la única vinculación de su representado con el señor M.A.R., radica en haberle hecho el favor de llevarlo a la tienda V. a cobrar un dinero que se le adeudaba a CHINO. Expresa que en la actuación de su representado no existe el elemento DOLO, toda vez que no existía la intención de producirle la muerte a nadie. Ello es así, puesto que quedó evidenciado que la intención de MYKOL RODRÍGUEZ era la de intimidar al difunto C.L., a fin de que éste le hiciera entrega del dinero. De haber existido la intención de matar, el primer disparo no lo hubiese hecho hacia el suelo, y en su lugar se lo habría hecho directamente a la víctima. Señala que la muerte del dueño del local se produce con el intercambio de disparos, producto de la renuencia de éste a entregar el dinero que se le solicitaba. En ese sentido, su defendido no prestó una ayuda sin la cual no se hubiese podido realizar la conducta típica, antijuríca y culpable, debido a que no facilitó el arma con que se le quita la vida a la víctima, como tampoco participa en el hecho material, limitándose únicamente a transportarlos en un vehículo alquilado, con la creencia de que iban a cobrar un dinero. Agregó que no es cierto que por el hecho de que una persona ingrese armado a un local comercial, deba necesariamente llevar a otras personas a presumir y a estar en condiciones de representarse como posible el resultado de la muerte de alguien. Que de ser así, habría que pensar que cuando un miembro de la Policía Nacional o un Guardia de Seguridad ingresa a un local comercial, quienes se encuentran afuera deban estar conscientes de que es posible que se de un homicidio. Por último, solicita la absolución de su defendido y sostiene que a éste tampoco se le consideró su arrepentimiento de haber transportado a MYKOL y a CHINO al local donde se da el desenlace fatal, como tampoco se tomó en cuenta la colaboración brindada al momento en que se desarrollaban las investigaciones por parte de la Fiscalía Cuarta Superior, y la buena conducta demostrada antes de la ocurrencia de los trágicos hechos que sirven como base al proceso seguido en su contra. (Fojas 882-894) ANÁLISIS DE LA SALA Nos corresponde en estos momentos efectuar el análisis de los hechos expuestos por el recurrente, a fin de proceder a resolver la alzada. En primera instancia, se estima de vital importancia analizar las declaraciones ofrecidas por ORADIS HERRERA, por el testigo protegido TP. F4S-22-09, más las versiones que ofreciera el propio imputado en su declaración indagatoria y su ampliación. Así las cosas, se observa que la testigo ORADIS HERRERA fue enfática al señalar que el día de los hechos observó al sujeto de camisa blanca que se mantenía recostado afuera del vehículo blanco en donde se dieron a la fuga. Que éste era la única persona que se encontraba en la parte de afuera del local, mientras observaba al seguridad de al lado del edificio de la tienda. Por su parte, el testigo protegido TP. F4S-22-09 afirmó haber visto el vehículo de color blanco estacionado en el estacionamiento de la tienda y a un muchacho sentado en el volante del panel. De pronto escuchó tres disparos y pudo ver salir a un muchacho corriendo de la tienda. Tal sujeto portaba camisa rosada e iba agarrándose el lado derecho de su cuerpo, luego se subió al carro y el que lo esperaba arrancó y se fue con el herido. Este testigo describió el auto como uno de color blanco, vidrios claros, ni tan viejo ni tan nuevo, en buenas condiciones, no estaba chocado, no le vio el número de la placa y observó a un solo sujeto dentro de él. De tales testimonios se pueden advertir los siguientes elementos: 1. Ambos testigos refieren haber visto a una sola persona afuera del local, en el vehículo. 2. Los dos testigos refieren que dicho sujeto esperaba al que salió corriendo herido de la tienda. 3. Fueron contestes al señalar que los sujetos se dieron a la fuga juntos en dicho automóvil. En virtud de lo anterior, parece no ser cierto el relato del imputado, en el sentido de que había un tercer sujeto (CHINO) dentro del vehículo, pues éste no fue advertido por los testigos que ubican al procesado en el carro en que se dan a la fuga. Otro aspecto que llama la atención de esta corporación es la variación dada por el procesado, sobre las razones por las cuales estaba presente en el lugar de los hechos. En su primera declaración, el imputado negó conocer a los otros dos sujetos, refiriendo que fue obligado por ellos a dirigirse a la tienda V., dado que el tercer sujeto (CHINO) lo llevaba encañonado. Sin embargo, en su ampliación aceptó que los conocía, pero excepcionó que lo llevaron engañado a la tienda V., bajo la excusa de ir a cobrar un dinero que se le adeudaba a CHINO. De estas dos versiones se tiene un mismo denominador común: el imputado no ha podido negar su presencia en el lugar de los hechos, ni desvirtuar los señalamientos ofrecidos por los testigos, quienes lo señalan como la persona que esperó al sujeto que salió herido de la tienda, para luego darse a la fuga. Cabe advertir igualmente que el imputado, a foja 148 dijo que: "al llegar a la esquina del residencial que no recuerdo el nombre, me dijeron que me detuviera en la tienda, uno de los sujetos se quedó en la parte de atrás apuntándome en el asiento, el otro se bajó e ingresó a la tienda, mientras tanto yo estaba en el bus tomándome una soda coca-cola". Este relato no encuadra dentro de la conducta normal de una persona que está siendo gravemente amenazada con un arma idónea para producirle la muerte, máxime que el imputado refirió que estaba en estado de pánico, pero al precisar que se "tomaba una coca-cola", en el preciso instante en que era encañonado con un arma de fuego, sin evidencia que no existía tal riesgo para su integridad personal, por lo tanto se está ante una mala justificación de su presencia. Respecto a la figura del Cómplice Primario, se tiene que "Es aquel que proporciona una ayuda sin la cual el delito no se habría podido cometer" [1]. Esta misma categoría la encontramos definida en el artículo 44 del Código Penal (vigente a la ejecución del hecho punible), el cual define al cómplice primario como "aquel que toma parte en la ejecución del hecho punible o presta una ayuda sin la cual no se habría podido cometer el delito". Señala el apelante que en el presente caso, el hecho de que su representado haya llevado a los sujetos al sitio en donde se termina con la vida de MAOR M.C.L., no lo convierte en cómplice primario, puesto que el homicida pudo llegar al lugar por cualquier otro medio. Disiente la Sala de tal señalamiento, porque el homicida requería necesariamente de un medio de transporte para llegar al lugar destinado para cometer el robo y para posteriormente darse a la fuga. Esto quiere decir que si el imputado no brinda su cooperación, los hechos bajo estudio no se habrían podido llevar a cabo, porque como ya se mencionó, la utilización de un medio de transporte era imprescindible para la ejecución del hecho punible, al menos en la forma en que fue ejecutado. Se menciona igualmente en el escrito de apelación que la intención del asaltante era la de cometer el delito de robo, pero que ante la negativa del propietario en hacer entrega del dinero, se genera el intercambio de disparos en donde perdiera la vida C.L.. En ese mismo lineamiento, el imputado no puede afirmar que desconocía el riesgo que representaría el ingreso armado a un local comercial con la finalidad de cometer un robo. Resulta lógico que quien se hace valer de un arma en óptimas condiciones para producir disparos vaya con la firme convicción de que ante la posibilidad de ver su vida en peligro, esté dispuesto a utilizar su arma para protegerse de una posible lesión mortal, o bien para lograr que su conducta quede impune. El artículo 46 del Código Penal (vigente a la fecha del robo y homicidio), establece que si el hecho punible fuera más grave del que quisieron realizar el cómplice o los cómplices, solo responderán quienes lo hubieran aceptado como una consecuencia probable de la acción emprendida. Ello es lo que se denomina como "DOLO EVENTUAL", que es nada más y nada menos que "cuando el agente se representa un resultado dañoso, lo mira con indiferencia y no renuncia a la ejecución del hecho, aceptando así sus consecuencias"[2]. No puede tampoco la Sala apoyar el criterio del apelante, en el sentido de que cada vez que un miembro de la Policía Nacional o un Guardia de Seguridad ingrese armado a un local comercial, las personas que se encuentren afuera deban representarse la posibilidad de que alguien perderá la vida. Es un argumento muy débil. Es totalmente distinto, la presencia de un miembro de la Policía Nacional o un Guardia de Seguridad debidamente identificado, con su arma de reglamento en la cintura, y cuya labor es ampliamente conocida por la ciudadanía, al hecho de que un sujeto no identificado y sin vestimenta alguna que lo ubique dentro de alguno de los estamentos de seguridad, ingrese con arma en mano a determinado lugar de acceso público. No se observa tampoco que haya mediado algún grado de cooperación ni de arrepentimiento de parte del imputado, tal como lo manifiesta el apelante, toda vez que, en primera instancia, brindó una versión diferente a la ofrecida en su ampliación de indagatoria. Por otra parte, apoyó la versión de que el herido provenía de un intercambio de disparos suscitado en el barrio de S.M., aunado a que no se pudo ubicar al tercer sujeto (CHINO), que dicho sea de paso, no fue advertido por los testigos que estuvieron en el lugar de los hechos. En lo que respecta a la dosificación de la pena impuesta, el artículo 80 del Código Penal (vigente a la fecha de la ejecución de los delitos), indica que al autor, instigador y cómplice primario se le sanciona con la pena que la ley señala al hecho punible. Al imputado se le impuso una pena de VEINTE (20) AÑOS de prisión, tomando como referencia las previsiones del artículo 132 del Código Penal (vigente a la fecha del hecho), que hace alusión a las modalidades del Homicidio Agravado, aplicándole así el numeral 9, mismo que agrava la conducta cuando se ejecuta inmediatamente después de haberse cometido un delito para asegurar su ocultación o la impunidad o porque no se pudo alcanzar el fin propuesto. Por lo todo lo anterior, estima la Sala que no existen elementos jurídicos suficientes que motiven una variación de la Sentencia recurrida, por lo que se procederá a confirmar la misma. PARTE RESOLUTIVA En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, SALA PENAL, Administrando Justicia en nombre de la República y por Autoridad de la Ley, CONFIRMA en todas sus partes la Sentencia No. 01-P. I., fechada seis (6) de febrero de dos mil doce (2012), proferida por el Segundo Tribunal Superior de Justicia del Primer Distrito Judicial de Panamá, mediante la cual CONDENÓ a J.J.L.R. a la pena de VEINTE (20) AÑOS DE PRISIÓN e inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por igual período de tiempo, como Cómplice Primario del delito de Homicidio en perjuicio de MAOR M.C.L.. Notifíquese Y CÚMPLASE. JERÓNIMO MEJÍA E. GABRIEL E. FERNANDEZ M. -- HARRY ALBERTO DÍAZ GONZÁLEZ JOSE ISRAEL CORREA GARCIA (Secretario) [1] P.H., E.M., "Vocabulario de Conceptos Jurídicos Penales", Segunda Edición, E.P. y P.G., S.A., Panamá, 2011, p. 27. [2] Op. cit, p. 48.

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