Sentencia Penal de Corte Suprema de Justicia (Pleno), 2ª de lo Penal, 9 de Junio de 2006

Ponente:Aníbal Salas Céspedes
Fecha de Resolución: 9 de Junio de 2006
Emisor:Segunda de lo Penal
RESUMEN

PROCESO PENAL SEGUIDO A ISAÍAS AVILA SAAVEDRA, SINDICADO POR DELITO DE HOMICIDIO AGRAVADO EN PERJUICIO DE JOSÉ DE LA CRUZ JULIO MORENO

 

VISTOS:

En grado de apelación ingresa a la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, la Sentencia de 27 de marzo de 2006, dictada por el Tribunal Superior del Cuarto Distrito Judicial, dentro del proceso seguido a I.A.S., por el delito de Homicidio Agravado en perjuicio de JOSE DE LA CRUZ JULIO MORENO.

Dentro de este proceso los Jurados de Conciencia, encontraron responsable a I.A.S. del delito anteriormente descrito.

Al calificar la conducta reprochable, el Tribunal de primera instancia señaló lo siguiente:

"Esta Colegiatura debe señalar que la muerte de JOSE DE LA CRUZ JULIO MORENO ocasionada por la acción dolosa de I.A.S. permite encuadrar y graduar la pena en concordancia con la figura del Homicidio Agravado, al estimarse que la actuación se encuentra dentro del ordinal 3º por el artículo 132 del Código Penal, que fija por estos casos una sanción que oscila entre los doce (12) y veinte (20) años de prisión.

La pena debe estar ceñida a lo que regula la norma penal, específicamente infringida y a los parámetros generales establecidos por el artículo 56 de nuestro Código Penal, donde indica como factores coadyuvantes en esa tarea de fijación de este quamtum, los aspectos objetivos en el caso que nos ocupa se comprueban en primer orden con la diligencia de inspección ocular, reconocimiento y traslado de un cadáver (fs. 8-10), en cual se encontraba en la finca El Limonal, Regimiento de los Higos, Corregimiento de Cabuya, Distrito de Parita, Provincia de H. y con el Protocolo de Necropsia que establece como causas de la muerte de JOSE DE LA CRUZ JULIO MORENO, las siguientes: 'A.S.H., B.H.P.C.P. de Abdomen y C) Múltiples heridas contuso cortantes'; y por último con el certificado de defunción, visible a fojas 435, En cuanto al aspecto subjetivo que guarda relación con la vinculación del encuestado a la comisión del hecho punible apreciamos que la vinculación del señor I.A.S., se desprende de las declaraciones de los señores D.H., E.A., Y OTROS, como también de la propia declaración indagatoria del prenombrado A.S..

Esta Colegiatura también aprecia el numeral sexto de la norma penal antes citada referido a la conducta del agente, anterior, simultánea o posterior al hecho punible, observando que consta en los infolios que el procesado ocultó la muerte violenta del ofendido, indicándole a los familiares del occiso al día siguiente de los hechos que lo había golpeado un toro,

Aunado a lo anterior, el justiciable no ha mostrado arrepentimiento alguno por su conducta punible, por el contrario apreciamos que se trata de una persona que actúa con suma frialdad en la consumación del acto ilegal, y posterior a su ejecución ...

Queda en evidencia además el poco aprecio por la vida humana que tiene el procesado I.A.S., bien jurídico mayormente tutelado por la norma penal por él trasgredida, por lo que nos lleva a partir de la pena base de quince (15) años de prisión, en ausencia de circunstancias agravantes específicas que permitan su modificación, pues no se puede aplicar la agravante de ensañamiento porque ella está contemplada como agravante específica en el artículo 132 numeral 3º del Código penal (sic).

Al examinar las atenuantes se observa que su confesión no ha sido espontánea ni oportuna, por el contrario, hemos visto que el procesado manifiesta en su indagatoria que no se iba a entregar a las autoridades a consecuencia del hecho punible perpetrado que tenia conocimiento que los familiares del ofendido lo denunciarían por lo que esperaba en su residencia que las autoridades lo fueran a buscar, además, y a pesar de que al rendir sus descargos acepta ser el responsable de la muerte violenta de JOSE DE LA CRUZ JULIO MORENO, dicha manifestación para que tenga eficacia jurídica debió efectuarse en forma oportuna, es decir, al momento de no existir otros medios de convicción que lo vincularan subjetivamente a la conducta punible, además el prenombrado A.S. esgrime una causa de justificación que no logró acreditar en el proceso, tampoco existe constancia de que haya disminuido o intentado disminuir las consecuencias del hecho, ni mucho menos que exista arrepentimiento, máxime cuando declara que él conoce a la familia del occiso.

Por último, la pena líquida de 15 años de prisión le aumentamos una cuarta parte por la reincidencia genérica del imputado (Fs. 144, 219-230), según prevé el artículo 59 del Código Penal; o sea tres (3) años con nueve (9) meses de prisión.

A la sanción que debe cumplir el señor I.A.S., de conformidad con lo establecido en el artículo 52 del Código Penal, se le impone como sanción accesoria la inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por igual término que la pena principal.

Por lo antes expuesto, el Tribunal Superior del Cuarto Distrito Judicial, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley, CONDENA a I.A.S., a sufrir la pena de DIECIOCHO (18) AÑOS y NUEVE (9) MESES DE PRISIÓN, y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por igual tiempo de la pena impuesta, a partir de la fecha que concluya la pena privativa de libertad, ...".

EL APELANTE

La defensa oficiosa censura el fallo de instancia por considerar que el Tribunal Superior condena a su representado en base al numeral 3 del artículo 132 del Código Penal, obviando el hecho que para enmarcar la conducta de un individuo en alguna circunstancia agravante de las contempladas en el artículo 132, se debe haber acreditado fehacientemente la agravación correspondiente, por cuanto de no estarlo, la duda favorece al reo. Por otro lado, agrega que en las prueba no se evidencia motivo fútil en el actuar de su representado, toda vez que según su representado, él tuvo una discusión con el occiso. También afirma que según el informe de serología forense, el machete que portaba el occiso presentaba sangre humana, por lo que la versión brindada por su patrocinado se ajusta a la verdad. Considera que los niveles de alcoholemia, según el informe visible a fojas 168 del expediente, el analfabetismo y la discusión entre su representado y el occiso, determinan la conducta desplegada por el procesad encuadra en homicidio simple.

OPINIÓN DEL MINISTERIO PUBLICO

El Fiscal Superior del Cuarto Distrito Judicial considera que el tribunal de primer grado ha aplicado de manera correcta, los criterios técnicos pertinentes a la individualización judicial de la pena, por lo que solicita confirmar la resolución apelada.

CONSIDERACIONES DE LA SALA

Corresponde a la Sala analizar los puntos de la resolución a que se refiere el recurrente, de conformidad con el artículo 2424 del Código Judicial.

En primer lugar se observa que el recurrente está inconforme con la calificación de la conducta de su defendido bajo el tipo penal del homicidio Agravado, porque "para enmarcar la conducta de un procesado dentro de algunas de las circunstancias de agravación establecidas en el artículo 132 del Código Penal, precisa haber acreditado fehacientemente la agravación correspondiente, por cuanto de no estarlo, la duda debe favorecer al reo". Agrega que, en el presente caso es necesario mencionar las razones que, según lo afirmado por el procesado, lo llevaron a cometer el delito investigado, pues sólo así se puede determinar si concurrió como agravante en su conducta el motivo fútil tal como lo ha determinado el juzgador de primera instancia.

De la lectura de la parte pertinente del fallo, observamos que el Tribunal A-Quo calificó la conducta agravada del señor I.A.S. bajo el fundamento legal siguiente:

"Esta Colegiatura debe señalar que la muerte de JOSE DE LA CRUZ JULIO MORENO ocasionada por la acción dolosa de I.A.S. permite encuadrar y graduar la pena en concordancia con la figura del Homicidio Agravado, al estimarse que la actuación se encuentra dentro del ordinal 3º por el artículo 132 del Código Penal, que fija por estos casos una sanción que oscila entre los doce (12) y veinte (20) años de prisión."

Como podemos apreciar, para el Tribunal A-Quo resultó constatada la conducta agravada del señor I.A.S.. No obstante, la Sala empieza por resaltar que el fallo emitido por el Tribunal Superior del Cuarto Distrito Judicial no es preciso en cuanto a la circunstancia que agrava el proceder homicida del imputado AVILA SAAVEDRA. Esto, porque se aprecia que el juzgador de instancia manifiesta que la conducta del procesado se encuadra en el numeral 3 del artículo 132 del Código Penal, sin especificar a cual de los dos supuestos contemplados en la norma se refiere.

Sin duda, el a-quo incurre en un error manifiesto al desplegar su labor de determinar el encuadramiento penal de la conducta del imputado. De ahí el necesario llamado de atención de esta Sala, para evitar que en el futuro se repitan estas actuaciones que acarrean graves perjuicios en la correcta administración de justicia. Y, es que yerros de esta naturaleza producen inseguridad jurídica en la situación procesal del condenado, porque no le permiten conocer con exactitud la norma, motivos y circunstancias que se le atribuyen para sustentar la sanción penal que se le aplicó y que incluso pueden influir negativamente en una defensa eficiente, como ocurre en esta oportunidad, cuando por la inexactitud del tribunal de definir si estamos ante un homicidio por motivo fútil o por medios de ejecución atroces, el defensor de oficio en lugar de presentar sus argumentos para desacreditar la segunda circunstancia aludida, que es la que en realidad agravó el proceder de su defendido como veremos más delante, lo que hace es limitarse a censurar la sentencia con relación a la primera circunstancia señalada.

Hay que tener presente que el numeral 3 del artículo 132 del Código Penal describe dos circunstancias distintas que agravan el delito de homicidio. La primera corresponde al motivo fútil, que sobreviene cuando el homicida actúa por circunstancias baladíes, nímias, insignificantes, sin importancia, y la segunda concierne a medios de ejecución atroces, que concurre en el evento de que se acredite que se hizo sufrir cruel e innecesariamente a la víctima y que la muerte sobrevino mediante tales sufrimientos.

Por esa razón, el juzgador tiene la obligación de determinar, si acaso va a aplicar dicho numeral, en cuál de las dos circunstancias aludidas se subsume el comportamiento del imputado, seguido de los motivos que justifican o comprueban la concurrencia de uno u otro elemento de agravación.

En el presente negocio, vemos que la práctica judicial reseñada en el párrafo que precede no se cumplió a cabalidad. Sin embargo, una atenta lectura de la resolución impugnada, permite colegir que la sanción penal que el Tribunal Superior del Cuarto Distrito Judicial impuso a A.S. por la infracción del numeral 3 del artículo 132 del Código Penal, sobrevino por la consideración de la circunstancia que se refiere a "medios de ejecución atroces", pues fue únicamente con la alusión de esta situación que se ofreció enseguida una explicación fáctica sobre su concurrencia, lo que no sucedió con el motivo fútil, el que sólo se trae al escenario jurídico por la simple referencia de su nombre, sin ningún apoyo de hecho. Esta comprobación constituye la razón principal para inferir que lo que debió censurar la defensa oficiosa, fue la circunstancia de medios de ejecución atroces, no la de motivo fútil. No obstante, como quiera que esa equivocación de la defensa fue inducida por la incorrecta labor jurisdiccional desplegada por el a-quo, esta S. estima prudente y de justicia, examinar la encuesta penal, a los efectos de determinar si en este caso se encuentra acreditada la circunstancia de medios de ejecución atroces.

En esa labor, esta Superioridad considera pertinente ampliar el concepto de medios de ejecución atroces, a fin de contar con un soporte teórico suficiente para emitir un adecuado juicio de valor en la causa. De esa manera, se resalta que dicha circunstancia está constituida "por actos que revelen una crueldad extrema o ausencia total de sentimientos morales en el agente del delito. Tales actos podrían ser, por ejemplo, la mutilación o el destrozo innecesario del cadáver, o haber infligido graves torturas físicas y morales antes o durante la ejecución del homicidio. Es decir, que la agravante de medios atroces, además de los hechos físicos que puedan constituirla deben revelar en el delincuente una mayor insensibilidad moral" (Cfr. Registro Judicial de febrero de 2001, pág.219).

Asimismo, se consulta la posición de que el homicidio agravado por medio de ejecución atroces, es denominado en la doctrina "como sevicia o ensañamiento moral y físico, el mismo consiste en...`matar haciendo sufrir en forma intencional o innecesaria a la víctima; no sólo en propinar heridas, golpes innecesarios, ni producir excesivo dolor a la víctima, como tampoco en el solo hecho de ocasionar destrozos o mutilaciones en el cuerpo de la víctima, sino que además se necesita el obrar en forma deliberada, es decir, el querer producir sufrimientos crueles e innecesarios" (Cfr. Registro Judicial de mayo de 2003, pág.498).

Visto lo anterior, lo que sigue es la consideración de los medios de prueba incorporados en la encuesta penal, a afectos de determinar la concurrencia o no de los elementos y circunstancias constitutivos de la situación agravante analizada.

Constan en el expediente, las declaraciones de los hermanos del occiso, entre ellos, G.A. quien afirma que vio al occiso y sus hermanos buscando vino de palma y pescando en el río, pero que él se devolvió a la casa y que posteriormente llegó su hermano E., quedando ISAÍAS solo con el señor C. (occiso) (fs. 53-55). También aparece lo manifestado por E.A., quien de fojas 56-58 del infolio penal afirma que fue a cosechar vino de palma y se encontró con C. y su hermano ISAÍAS, indicando que luego de cosechado el vino él se fue para la casa porque no habían pescado nada y que C. e ISAÍAS hicieron lo mismo, pero se fueron por un camino distinto al que él tomó; todo lo cual vincula categóricamente .

Así las cosas, se cuenta también con la versión de los hechos que ofrece el sentenciado I.A.S., quien al ser sometido a los rigores de la declaración indagatoria manifestó, concretamente sobre la forma en qué ultimó al ahora finado, que "... la primera que le mandé fue por la garganta para asegurarlo de una vez, las otras se las di en la cabeza, la otra por el lao derecho y no me acuerdo bien. Cuando ya él se hayó cogió (sic), puso el machete en la cáscara de nuevo y me dijo que lo acabara de matar, ya eso fue lo último. El no me llegó a rozar en ningún lado". (fs. 86). Más adelante, a fojas 88 agrega, "Yo le busqué fue la seguridad del pescuezo, él estaba listo desde la primera, que no pudo levantar el brazo, Yo el viernes cuando C. me dijo eso y con el machete en mano, a mí (sic) se me calentó la cabeza y entonces cuando le dí (sic) con el machete mío (sic) yo sabía que de ahí no se paraba".

Evidentemente que si consideráramos el relato ofrecido por el imputado, resulta claro determinar que en su proceder existió un ánimo perverso de causarle sufrimientos innecesarios a la víctima, ya que depone que actuó impulsado por enojo, que las heridas las infligió precipitadamente en el cuerpo del occiso producto de su ira y que luego de ello lo dejó en el lugar de los hechos; "... de ahí me fui para la casa y me cambié de ropa y me dormí toda la noche".

No obstante lo anterior, a juicio de esta Sala la estimación minuciosa de la propia declaración que ofrece el procesado, al igual que la valoración de otras piezas de convicción idóneas, permiten arribar al criterio de que se acredita que el imputado aumentó el dolor y sufrimiento de la víctima al momento de cometer la conducta homicida, no sólo por la existencia de diversas heridas y golpes en la anatomía del occiso y la extrema gravedad de una de ellas, sino porque incluso manifiesta que el se dio cuenta que las heridas que él le propinó a J. De La Cruz Julio Moreno eran de muerte, "... desde la primera que le dí (sic)"; y que después que le propinó la primera puñalada el hoy occiso tomó su collin, lo guardó y le alzó las manos diciéndole "acabame de matá"; lo que a nuestro juicio es indicativo de que el occiso padeció tormentos y suplicios innecesarios antes de fallecer.

En ese sentido, el Protocolo de Necropsia indica que el cadáver presentaba más de veinte heridas contuso cortantes y que las mismas involucraban sólo desde la piel hasta el músculo, y esto viéndolo desde la perspectiva de que como indica el procesado, desde la primera ya estaba sometido e indefenso y que incluso el occiso le tiró su machete y le dijo "acabame de mata", el resto de las heridas eran innecesarias.

Las causas de muerte fueron, según el Protocolo de Necropsia por Shock hemorrágico, herida punzo cortante penetrante de abdomen y múltiples heridas contuso cortantes.

El examen concatenado de los elementos probatorios citados, permite colegir, con adecuado juicio de valor, que la víctima recibió múltiples heridas contuso cortantes (machete) "desde la cabeza hasta los pies", como dice el Protocolo de Necropsia visible a fojas 137. Las consideraciones médicas consignadas en el protocolo de necropsia confirman que "... la mayoría de estas lesiones solo involucran piel hasta el músculo, sin afectar la parte ósea o alguna estructura vital. Al examen interno encontramos que una de las heridas del cadáver penetro a la cavidad abdominal y prácticamente la atravesó y se extendió a parte de la cavidad toracica (sic), aquí observamos que lesiona el diafragma, atraviesa el hígado totalmente, ocasionando sin lugar a dudas una gran hemorragia intra y extraabdominal, lesiona nuevamente el diafragma y sale por la pared costal derecha. Esta es una herida de máxima gravedad y que a la postre termina con la vida del hoy occiso. Es probable que esta herida haya sido ocasionada con la misma arma, es decir machete, pero en este caso se utilizó la punta, ...".

Por consiguiente, resulta comprobado que el acto homicida realizado por el sentenciado A.S. fue ejecutado por medios de ejecución atroces.

Como quiera que no ha prosperado la censura propuesta por el defensor técnico, lo que procede en derecho es confirmar la resolución judicial venida en grado de apelación.

PARTE RESOLUTIVA

Por las consideraciones que anteceden, la SALA SEGUNDA DE LO PENAL DE LA CORTE SUPREMA, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, CONFIRMA la sentencia de 27 de marzo de 2006, proferida por el Tribunal Superior del Cuarto Distrito Judicial, venida en grado de apelación.

N. y D..

GABRIEL ELÍAS FERNÁNDEZ M.

ESMERALDA AROSEMENA DE TROITIÑO -- GRACIELA J. DIXON C.

MARIANO E. HERRERA E. (Secretario)