Sentencia Penal de Corte Suprema de Justicia (Pleno), 2ª de lo Penal, 30 de Enero de 2007

Ponente:Esmeralda Arosemena de Troitiño
Fecha de Resolución:30 de Enero de 2007
Emisor:Segunda de lo Penal
RESUMEN

PROCESO SEGUIDO A ALEXANDER OMAR SERRANO ESCUDERO SINDICADO POR EL DELITO CONTRA LA VIDA E INTEGRIDAD PERSONAL

 

VISTOS:

El Segundo Tribunal Superior de Justicia del Primer Distrito Judicial de Panamá, mediante sentencia Nº25-P.I. de 27 de diciembre de 2005, condenó a A.O.S.E. a la pena principal de 16 años de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas, por el término de 3 años, luego de cumplida la pena principal, por ser autor del delito de homicidio doloso agravado, cometido en perjuicio de F.W.L..

Contra esta medida judicial, el sentenciado S.E. y su defensor de oficio, licenciado E.M.G., anunciaron y sustentaron sendos recursos de apelación.

El defensor técnico del procesado, únicamente, solicita el reconocimiento de la circunstancia de atenuación común correspondiente a la confesión, establecida en el numeral 5 del artículo 66 del Código Penal, por considerar que "desde que inicio (sic) la investigación acepto (sic) la comisión del hecho" (f.226).

Por su parte, el imputado S.E. hizo llegar manuscrito de sustentación de la iniciativa procesal, contentivo de dos reclamos medulares contra la resolución judicial impugnada: 1. que se le reconozca la circunstancia atenuante de la confesión, y 2. que se le sancione por la infracción del tipo penal de homicidio simple, pues alega que el elemento calificador relativo al "motivo fútil", no está fehacientemente comprobado en el expediente (fs.217-224).

La Fiscal Segunda Superior del Primer Distrito Judicial, al recibir en traslado los escritos de sustentación presentados por el imputado y su defensor de oficio, solicitó la confirmación de la sentencia condenatoria apelada, por estimar que es acertado el criterio del Tribunal "A-Quo", cuando sostuvo que "el actuar del imputado se produjo sin justificación aparente inmediata, con ausencia de móvil acreditado" (fs.231.232) y que "el procesado no confesó de manera espontánea y oportuna los hechos, al tratar de excepcionar una causal de justificación de legítima defensa que nunca probó" (f.233).

En este momento procesal, corresponde a la Sala determinar si resultan procedentes o no los reclamos formulados por los apelantes, de conformidad con la regla procesal estatuida en el artículo 2424 del Código Judicial.

En tal empeño, se resalta que el presente cuaderno da cuenta que en horas de la noche del 4 de julio de 2004, F.W.L. procedía a cerrar su abarrotería de nombre "Don Chock", ubicada en la Barriada Belén, Corregimiento de Tocumen, Provincia de Panamá, y en ese momento A.O.S.E. arriba al negocio solicitando la venta de bebidas alcohólicas y al no recibir el producto solicitado, esgrime un arma de fuego y le propina a F.W.L., un disparo que le penetra en el ojo izquierdo, causándole la muerte.

Según las consideraciones médico legales, la muerte de F.W.L. sobrevino por un "daño cerebral irreparable" (f.71).

Es importante anotar que el imputado S.E. renunció a su derecho a ser juzgado por un tribunal de jurados de conciencia (fs.196-197), por lo que la actuación se sustanció de acuerdo a los trámites del proceso ordinario en derecho.

La defensa oficiosa y el sentenciado S.E., coinciden en peticionar el reconocimiento de la circunstancia de atenuación común correspondiente a la "confesión espontánea y oportuna", establecida en el numeral 5 del artículo 66 del Código Penal.

A propósito de este elemento de atenuación común, numerosos precedentes judiciales tienen sentado que para la confesión tenga efectos de elemento modificativo de la responsabilidad penal, debe ser espontánea y oportuna; "La espontaneidad significa que es un impulso voluntario, sincero, propio, libre, sin presiones, que surge de manera natural, producto de un acto eminentemente volitivo; la oportunidad representa una coincidencia temporal con su requerimiento o aparición" (Registro Judicial, enero de 1992, pág.29).

A juicio de la Sala, el comportamiento que desplegó el imputado luego de inferir la herida mortal, el tiempo que tardó en ofrecer su deposición de los hechos y la manera en que relató lo sucedido, revelan que en este caso no existió una confesión ni espontánea ni oportuna, veamos:

Las constancias procesales indican que luego del desenlace fatal, el imputado S.E. huyó de la escena del crimen, y no fue hasta dos días después que se entregó a las autoridades, cuando el expediente ya se habían acopiado diversas piezas de convicción, que lo señala como autor material del acto homicida, consistentes en las declaraciones juradas de V.M.G.R. (fs. 16-18), O.A.R.D. (fs. 19-20), R.A.M.R. (f.21) y E.O.E.Q. (fs. 22-25), todo lo cual, pone de manifiesto que el imputado ofreció su versión de los hechos, con conocimiento que ya figuraban en su contra, pruebas contundentes de participación criminal.

A lo anterior, se suma la comprobación que el imputado S.E. no acepta completa y llanamente su responsabilidad en el hecho de sangre, cuando trata de introducir, en su beneficio, la excusa que esgrimió su arma de fuego "para pegarle un pequeño susto...y él movio (sic) dos pasos para delante y él trato (sic) de agacharse como para (sic) sacar una pistola...y allí fue donde yo le dispare (sic) para asustarlo, pero en ningún (sic) momento fue para matarlo" (f.35).

Salta a la vista, que en los términos en que se expresa el imputado, no existe la voluntad expresa de asumir que actuó de manera directa e intencional para suprimir la vida a F.W.L., por el contrario, lo que hace S.E. es trasladar la responsabilidad del hecho a la víctima, alegando que por haber intentado usar un arma de fuego, se vio en la necesidad de accionar su arma, produciéndose el desenlace fatal.

Otra circunstancia que impide reconocer la circunstancia de atenuación común examinada, consiste en que el imputado no brindó ninguna información que contribuyera al esclarecimiento de la investigación, pues no sólo intentó tergiversar la real ocurrencia de los hechos, sino que además se deshizo del arma de fuego, la cual tiró al mar, y huyó hacia el interior de la República, ello indica que realizó actos concretos para ocultar la autoría material del hecho y colocarse fuera del alcance de las autoridades, proceder que no se relaciona en lo absoluto, con el interés que demuestra el agente confeso, de asumir la responsabilidad, dar cuenta de lo que en realidad sucedió y colaborar con la investigación.

El siguiente reparo a atender, guarda relación con el elemento calificador del delito de homicidio, que concierne al "motivo fútil", consagrado en el numeral 3 del artículo 132 del Código Penal. Según el sentenciado, dicha agravate específica no está debidamente acreditada en el proceso, por lo que solicita que su proceder delictivo se ubique en el tipo penal de homicidio simple.

El examen de la resolución judicial censurada, revela que el juzgador de la causa determinó que el comportamiento delictual de S.E., encuentra adecuación típica en el numeral 3 del artículo 132 del Código Penal, por considerar que "no existen motivos de justificación para el actuar del procesado. Su reacción no fue proporcional al estímulo, recibido de la víctima quien sólo se limitó a indicarle que no lo podía atender porque estaba cerrando el local, situación que incluso ya había manifestado a otros clientes que no presentaron reacción al respecto" (f.212).

La jurisprudencia nacional enseña que el motivo fútil es una circunstancia que se define como "aquel que carece de importancia y de consistencia, es el motivo insignificante que no guarda proporción respecto del delito cometido. Se dice que hay motivo fútil cuando falta un motivo aparente, cuando la calidad de los motivos no responden a razones que ofrezcan justificación" (Resalta la Sala) (Cfr. Sentencia de la Sala Penal de 18 de marzo de 1993, publicada en el Registro Judicial de marzo de 1993, pág.30).

En el presente caso, consta la declaración de V.M.G.R., quien manifestó que "llego (sic) M....a comprar un jugo (sic) pero el chino le dijo que ya no porque iba a cerrar...ahí llegó un muchacho que se apoda Mocho...le pidió una cerveza al chino y este (sic) le dijo que no le iba a despachar porque ya iba a cerrar...vi cunado (sic) M. sacó un arma de fuego...y disparó contra el chino" (f.17).

El testigo O.A.R.D., relató que "llegó al Mini super un pelao que conozco por "M."...pidió un jugo, pero el chino le dijo que ya iba a cerrar y no le despacho (sic)...cuando en eso llegó un sujeto que le apodan "Mocho"...le pidió una cerveza al chino, pero el chino que ya tenía la verja del local cerrada, dijo que no iba a despachar más...yo no escuché discusión...se escuhcó un disparo y del miedo salí corriendo" (fs.19-20).

E.O.E.Q., declaró que "cuando llegué ya el chino iba a cerrar el Mini Super, yo le pedí el jugo, pero él no quiso atenderme...le dije que estaba bien que me iba para la otra tienda...llegó MOCHO...pidió una cerveza al chino, pero JOSE le contestó "NO ESTOY CERRANDO YA", al parecer MOCHO no le gusto (sic) y sacó un arma de la cintura y le disparó al chino directamente a la cabeza" (f.23).

Este deponente también sostuvo que "sólo fue una detonación, un sólo tiro, en la cabeza ya que el chino le vio de frente y allí mismo ALEXANDER disparó" y que "ellos no discutieron, sólo MOCHO le pidió una cerveza y como el chino le dijo que estaban cerrando..no le gusto (sic) y sacó el arma de fuego" (f.24).

La Sala considera que las piezas testimoniales que vienen reseñadas, demuestran, indefectiblemente, que S.E. le quitó la vida a F.W.L., en ausencia de un motivo significante y de trascendencia. La reacción violenta del imputado, fue totalmente desproporcional al estímulo que recibió por parte de la víctima, quien sólo se limitó a informar que no le vendería la bebida alcohólica solicitada, porque su negocio estaba cerrado. Ni siquiera existió un altercado verbal entre víctima y victimario, que pudiese sugerir que el imputado actuó de manera agresiva, porque recibió algún tipo agravio que enardeciera su ánimo.

En consecuencia, resulta correcto el encuadramiento penal seleccionado por el Tribunal "A-Quo", pues no hay duda que estamos frente a un actuar doloso de origen intrascendente, nimio, baladí y desmesurado ante el bien jurídico lesionado.

Como quiera que no han prosperado los reclamos formulados por el procesado y su defensor técnico, lo que procede en derecho es confirmar la sentencia, venida en grado de apelación.

Por las consideraciones que se dejan expuestas, la SALA PENAL DE LA CORTE SUPREMA, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, CONFIRMA la sentencia Nº25-P.I. de 27 de diciembre de 2005, proferida por el Segundo Tribunal Superior de Justicia del Primer Distrito Judicial de Panamá, mediante la cual, se condenó a A.O.S.E. a la pena principal de 16 años de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas, por el término de 3 años, luego de cumplida la pena principal, por ser autor del delito de homicidio doloso agravado, cometido en perjuicio de F.W.L..

N. y devuélvase.

ESMERALDA AROSEMENA DE TROITIÑO

GRACIELA J. DIXON C. -- ANÍBAL SALAS CÉSPEDES

FATIMA CEDEÑO G. (Secretario Ad-hoc)