Sentencia Penal de Corte Suprema de Justicia (Panama), 2ª de lo Penal, 22 de Septiembre de 2014

PonenteJosé Eduardo Ayu Prado Canals
Fecha de Resolución22 de Septiembre de 2014
EmisorSegunda de lo Penal

VISTOS: Ingresa a la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, en grado de apelación, la Sentencia de 15 de mayo de 2013, proferida por el Tribunal Superior de Justicia del Tercer Distrito Judicial de Panamá, a través de la cual se absolvió a A.A.J., como autor del delito de Homicidio Doloso, en perjuicio de A.E.C. (q.e.p.d.) y, en el que se le declaró penalmente responsable, como autor del delito de robo, en perjuicio de A.C., siendo condenado a la pena de sesenta y tres (63) meses de prisión y a la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por el mismo período que la pena principal, una vez cumplida ésta. La audiencia oral fue programada primeramente para el 8 de abril de 2013, tal como se hace constar a través del Auto de llamamiento a Juicio, de 19 de octubre de 2012, consultable a folios 632, fecha en la que estipuló la realización de audiencia en derecho, en atención al artículo 27 de la Ley 68, de 2 noviembre de 2099, que reformó el artículo 2316 del Código Judicial. El acto de audiencia oral, se efectuó el 24 de enero de 2013, y en dicho evento procesal, el enjuiciado se declaró culpable del delito de robo, en perjuicio de A.E.C. e, inocente por el cargo del delito de homicidio, en perjuicio de A.E.C. (v.fs. 683). SENTENCIA APELADA Dentro de este proceso, el Tribunal A-Quo efectuó una relación de los hechos y fundamentó su decisión de la siguiente manera: "Así las cosas, habiéndose demostrado la existencia de los hechos punibles investigados, el tribunal considera que en la encuesta militan los elementos necesarios que pueden acreditar la vinculación del sumariado con el delito contra el patrimonio económico, Empero, no ocurre lo mismo en cuanto al delito de homicidio, toda vez que el tribunal echa de menos la existencia de graves indicios o de serios motivos de credibilidad que comprometan la responsabilidad penal del señor A.A.J., más allá de su enjuiciamiento por este hecho ilícito. En ese orden de ideas, los indicios graves o los serios motivos de credibilidad deben estar revestidos de un carácter racionalmente unívoco, que ofrezca la certeza respecto al extremo que se pretende comprobar. En otras palabras, si bien el imputado J. estuvo en la escena del crimen, no resulta certero establecer en su contra los indicios de presencia, oportunidad y capacidad para delinquir, en atención a los diversos medios de prueba a los que antes se ha hecho referencia, resultando que tales indicios devienen divergentes en cuanto al propósito de vincularlo a la acción que a la postre le causó la muerte al infortunado A.C.. Al respecto, cabe agregar que de acuerdo al caudal probatorio de autos no es posible afirmar, como lo hace el honorable colaborador de la instancia en su vista fiscal, ni en la vista oral, que en el caso subjúdice el delito contra la vida humana fue perpetrado para facilitar el robo, cuando las pruebas directas antes mencionadas demuestran que los hechos tuvieron un orden de ocurrencia completamente distinto. En suma, a pesar de que se ha probado el delito de homicidio, a juicio del tribunal, no existe la certeza o convicción en cuanto a la persona que lo ejecutó. En este sentido, si bien es cierto que el procesado J. estuvo en el lugar de los hechos, ello ocurrió antes de que el hoy occiso perdiera la vida. Es decir, que luego de que el enjuiciado perpetrara el hecho contra el patrimonio económico, el señor A.C. fue visto con vida por testigos antes mencionado, lo mismo que por los agentes policiales G. y tapia, a parte de que al prenombrado acusado se le ubicó en la casa de su hermana Delys Correa aproximadamente a las diez y quince de la noche, sin que exista constancia cierta e inequívoca de que él haya vuelto a salir a la hora en que debió ocurrir el deceso conforme a la información contenida en el protocolo de necropsia; de igual manera no se ha establecido la relación directa e inequívoca de que en las pertenencias del justiciable se haya encontrado evidencia alguna de la sangre del difunto. Consecuentemente, subsiste en la causa un estado de duda e incertidumbre en cuanto a la participación de A.A.J. en la comisión del delito de homicidio en perjuicio de A.C.. En este orden de ideas, el tribunal no puede más que atenerse al principio in dubio pro reo y coincidir con la jurisprudencia que seguidamente se transcribe: "En cuanto a ese principio procesal penal conviene recordar lo que ha planteado la jurisprudencia en el sentido de que:...sólo puede esta (sic) fundada en la certeza del tribunal que falla acerca de la existencia de un hecho punible atribuible al acusado. Precisamente, la falta de certeza representa la imposibilidad del Estado de destruir la situación de inocencia construida por la ley (presunción), que ampara al imputado, razón por la cual ella conduce a la absolución. Cualquier otra posición del juez respecto a la verdad, la duda o aun la probabilidad, impiden la condena y desembocan en la absolución (J.M., Derecho Procesal Penal Argentino. Tomo I, pp.257-258 - Jurisprudencia Penal, extractos de fallos, C.S J)". En ese mismo orden de ideas, ante la imposibilidad de despachar un fallo condenatorio, el tribunal ha de reconocer la inocencia del procesado, garantía legal y constitucional sobre la cual se ha dicho que: "El principio de la presunción de inocencia, tal y como se desprende del artículo 8.2 de la Convención, exige que una persona no pueda ser condenada mientras no exista prueba plena de su responsabilidad penal. Si obra contra ella prueba incompleta o insuficiente, no es procedente condenarla, sino absolverla". (Corte IDH. Caso C.B. -vs- Perú, Sent. De 18 de agosto de 2000). En consecuencia, el tribunal debe concluir que en cuanto al delito de homicidio no es posible acceder a la solicitud que ha formulado el señor agente del Ministerio Público en la vista oral, por lo que se impone la dictación de un fallo absolutorio a favor de A.A.J.. Delito de Robo: En lo que respecta al delito atentatorio contra el patrimonio (robo), si bien la defensa técnica del procesado alega que el mismo no está probado, lo cierto es que en contra del imputado militan, además de las pruebas existentes en autos (las declaraciones de M.E.Q., S.L.M., G.S., E.J.S., M.V.G. y los informes suscritos por A.C. y E.C., su propia confesión, puesto que al ser preguntado en la vista oral de cómo se consideraba en relación a este delito, manifestó "confeso y arrepentido". En consecuencia, en esta fase prevalece el criterio planteado al momento de expedir el auto de llamamiento a juicio, sobre la base de la existencia comprobada de ese hecho punible, realidad fáctico jurídica que no ha sido modificada en esta etapa del proceso, por lo que se le impone la determinación de la pena que debe aplicarse al señor A.A.J.. De conformidad con la realidad subjúdice, el delito imputado corresponde a la hipótesis típica contenida en el artículo 218 del Código Penal, habida cuenta de que el procesado se apoderó, mediante violencia física, de algunos objetos de propiedad del ofendido, tales como un sombrero y un reloj. Esta conducta lleva aparejada pena principal que oscila entre siete y doce años de prisión. El justiciable es autor del delito de robo, según lo establecido en el artículo 43 del Código Penal, en razón de su participación material en la ejecución del mismo. La revisión de autos permite establecer que no existen circunstancias agravantes o atenuantes comunes genéricas que modifiquen la responsabilidad penal del imputado, aunque sí procede que se le reconozca como atenuante especial la contemplada en el artículo 236 del Código Penal, en atención al poco valor de las cosas objeto del delito. En efecto, en lo pertinente esa norma preceptúa lo que sigue: "Cuando las cosas materia de los delitos previstos en este Título o el perjuicio causado es de muy poco valor o significación, el Tribunal puede reducir la sanción hasta la mitad. De acuerdo con lo establecido en los numerales 2 y 4 del artículo 79 del Código Penal, esto es, las circunstancias de modo, tiempo y lugar y la conducta anterior del agente, se procede a fijar la pena base correspondiente. En efecto, el tribunal aprecia que el robo fue cometido sin armas, en un lugar público, y de noche, a la vez que el procesado no tiene antecedentes penales registrados en la encuesta, en razón de lo cual se fija en el mínimo de la pena aplicable por el delito perpetrado, es decir, siete -7- años de prisión, a la que se le disminuirá la cuarta parte (21 meses) quedando la pena líquida en 63 meses de prisión. Igualmente corresponde aplicar al procesado la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por el mismo período de la pena principal, que se cumplirá luego de cumplida la privación de libertad. El procesado tiene derecho a que se cuente como parte cumplida de la pena impuesta el término de su detención preventiva, de conformidad con los artículos 53 del Código Penal y 2412 del Código Judicial." FUNDAMENTO DEL RECURSO DE APELACIÓN LICENCIADO JAIME CARZOLA A FAVOR DE A.A.J. El licenciado J.A.C.G., defensor técnico de oficio de A.A.J., sostiene en su escrito de sustentación, consultable de fojas 715 a 719, que está en desacuerdo con la condena de 63 meses de prisión que se le impusiera a su representado, como responsable del delito Contra el Patrimonio. Expone que si bien es cierto A.A.J., manifestó su culpabilidad y arrepentimiento en el acto de audiencia por el delito de robo, no menos cierto es que, a pesar de ello, no existe prueba alguna que demuestre que su representado haya despojado de cosa mueble ajena, de forma violenta, al afectado. Agrega que M.E.Q., sólo es testigo en cuanto a la propiedad y preexistencia de los artículos sustraídos a su padre y, A.J., no dice que haya despojado al señor A.E.C., de manera violenta. Indica que A.A.J., ha sido claro, espontáneo y consistente en manifestar que él sustrajo el reloj al señor E.C., ya que éste se encontraba en estado de ebriedad y que jamás utilizó fuerza o violencia alguna para ello, debido a que no era necesario por el estado etílico en que se encontraba. Se desprende de las declaraciones de S.L., G.S. y E.J.S., que su representado tomó el sombrero del piso y luego se retiró, no ejerciendo violencia para ello; por lo que considera el recurrente, salvo mejor criterio, que se está ante un delito de hurto y no de robo. Otro punto abordado en la sustentación, contrario a lo establecido por el tribunal A-Quo, sí hay circunstancias atenuantes a favor de A.J., es decir la atenuante contenida en el numeral 7, del artículo 90 del Código Judicial. Expone que A.A.J., desde un inicio, ha sido espontáneo en su versión, ha sido consistente en cuanto a su declaración, la cual fue debidamente corroborada en autos y, no ha variado jamás su dicho. Destaca que en base a la propia confesión espontánea de A.J., es que el Ministerio Público le formula cargos por delito Contra el Patrimonio Económico y, además, es el Órgano Judicial, en su auto de llamamiento a juicio, que ordena la detención preventiva de su representado por el delito de robo, cuando debió ser el agente instructor quien ordenara dicha medida cautelar, violándose así la independencia judicial y separación de funciones, contenida en el artículo 5 del Código Procesal Penal vigente. Por último, el recurrente, hace mención de un elemento que, a su juicio, es irregular, relativo a que la providencia en la que se le formulan los cargos a su defendido, por delito Contra el Patrimonio Económico, en dicha providencia le hacía falta un foja, específicamente la 458 del expediente, o lo que es lo mismo, la página N° 8 de dicha providencia. A criterio del recurrente esta situación merece ser analizada, debido a que quizá se esté ante una nulidad, tal como lo señala el artículo 198 del Código judicial. Cuestiona el hecho de recibir declaración indagatoria de su representado, si la providencia en la que se le formulan cargos de robos, se encuentra viciada, al faltar un folio que, quisieron corregir para luego imprimirlo del computador. Por lo anterior, solicita que la sentencia sea revocada, en el sentido de declarar ilegal la providencia que le formula cargos A.A.J. por el delito de robo y, en consecuencia se ordene su libertad inmediata. Salvo mejor criterio, solicita igualmente le sea reconocida la atenuante de confesión y arrepentimiento, por delito Contra el Patrimonio. sentencia emitida por el Segundo Tribunal Superior de Justicia del Primer Distrito Judicial, toda vez que no se acreditó fehacientemente la participación de su representado en el delito que se le imputa, pues a pesar de que surgieron en el proceso los elementos probatorios para la emisión de un auto encausatorio, los mismos no reúnen la contundencia necesaria para emitir una sentencia condenatoria en su contra. RECURSO DE APELACIÓN SUSTENTADO POR EL MINISTERIO PÚBLICO El licenciado L.A.M.S., en su escrito de sustentación, consultable de folios 720 a 729, expone su disconformidad en cuanto a la sentencia proferida, sólo en cuanto a la absolución por el cargo de homicidio, por cuanto yerra el A-Quo, en la valoración de cada uno de los elementos probatorios que dan certeza, más allá de toda duda razonable, de la culpabilidad del procesado, por el delito de homicidio. La investigación, expone el representante de la Vindicta Pública, da cuenta que A.A.J., mediante violencia, robó y asesinó al señor A.C. (q.e.p.d.), entre las 10:00 de la noche del 13 de agosto y 4:00 de la madrugada del 14 de agosto de 2011, hechos ocurridos en la caseta con letrero de Cemento Panamá, ubicado en el corregimiento de V., Distrito de Bugaba, desde donde la víctima caminó sangrando hasta caer en un pasillo ubicado frente al súper mercado M., lugar donde fue encontrado el cadáver, recorrido que fue demostrado con las manchas de sangre que se registraron en el trayecto, como se constata en la diligencia de Criminalística de Campo. Manifiesta que el fallo comete error de derecho en la apreciación de la prueba, al considerar que no se cuenta con elemento alguno que indique que el imputado le propinó heridas que le causaron la muerte, porque aunque el imputado J., estuvo en la escena del crimen, "no resulta certero establecer en su contra los indicios de presencia, oportunidad y capacidad para delinquir". Destaca la declaraciones ofrecidas por los señores S.L.M., G.S., E.J.S. y el agente policial L.A.G., que fueron analizadas en la sentencia, reconoce que existen testigos que demuestran, más allá de una duda razonable, que el imputado A.A.J., agredió al occiso con interés de robarle. La víctima se trata de una persona de 70 años, que estaba bajo los efectos del licor, tal como lo revela el protocolo de necropsia y el resultado de toxicología, por lo que, de ser así, no es difícil coincidir en que la víctima era totalmente inofensiva e indefensa y, para robarle no se necesitaba hacer el más mínimo esfuerzo. Señala cómo admitir la manifestación del policía L.A.G., en el sentido de que la víctima no estaba golpeada, si los testigos S.L., G.S. y E.J., son contestes al relatar la golpiza que el imputado dio. Resalta que los golpes corresponden con el área que justa donde se registró las heridas descritas en el protocolo de necropsia y que igualmente revelan heridas de defensa. En cuanto a la hora de la muerte, la relación que hace el fallo no resulta consecuente con los elementos de prueba, puesto que el propio médico forense lo que establece es una estimación de una hora antes o una hora después de las cuatro de la mañana y, aun cuando es producto de laceraciones del hígado, con la pérdida súbita del volumen de sangre circulante, por hemorragia externa, no se entiende súbito como algo rápido inmediato, sino como inesperado de ahí que mantenerse en posición sentada, con la cabeza agachada, plantea que se desangró durante su movilización, lo que implica que la hora de la muerte no reclama necesariamente coincidencia con la hora de la lesión, conforme a lo cual el propio forense no precisa una hora exacta. En cuanto a las excepciones planteadas por el procesado, señor A.A.J., considera que la misma resulta ajena a la verdad, puesto que los testigos S.L., G.S. y E.J., presenciaron cómo el imputado le dio una golpiza a la víctima, conforme la cual no puede aceptar su alegación que nunca lo golpeó. Tampoco se puede valorar con suficiente eficacia exculpatoria, lo manifestado por D.E.C.J., puesto que mantienen el vínculo de hermanos, lo que plantea un interés personal en los resultados del proceso. Haciendo referencia a los testimonios de J.L., J.R.J. y A.M.V., el representante de la Vindicta Pública, es de opinión que, ha quedado demostrado que el occiso A.C., recibió una golpiza de parte del imputado A.A.J., quedado sentado sin poder movilizarse, por lo que mal podría entonces tener fuerzas para pelear una pacha a una supuesta persona, de apellido V., que viene a la investigación por conducto de testigos que no habían figurado en el expediente, sino hasta el 21 de noviembre de 2011, o sea, tres meses después de iniciada la investigación, por solicitud de la defensa técnica del imputado. De igual manera advierte contradicción entre los manifestado por el señor M.E.L. y J.D.C.L.; las declaraciones de M.E.L. y A.R.C.; contradicciones que describe como evidentes y sustanciales, lo que resta credibilidad para considerar la posibilidad que existe un indígena de nombre o apellido V., quien sin ninguna razón lógica aparece ante la vista de estos testigos, para tratar de exculpar al verdadero responsable del homicidio, que es A.A.J., quien durante la investigación trató de intimidar a los testigos, afirmó. Finaliza señalando que, el verdadero móvil de la acción criminal, resulta consistente con la intención de evitar la posibilidad de una persecución penal por la sustracción violenta de bienes, ante una eventual denuncia y posterior reconocimiento por parte de la víctima. Por lo anterior, el F.P. Superior del Tercer Distrito Judicial, solicitó se revoque la sentencia penal absolutoria recurrida y, en su lugar se declare responsable y condenen a A.A.J., a la pena que establece el artículo 132, numeral 9 del Código Penal. DE LAS OPOSICIONES OBJECIONES PRESENTADAS POR EL MINISTERIO PÚBLICO El licenciado L.A.M.S., F.P. Superior del Tercer Distrito Judicial, en su escrito de objeciones, consultable a folios 731, expone que los argumentos dl licenciado C.G., soslayan todos los elementos probatorios que dan certeza sobre la culpabilidad de su defendido, no sólo con relación al delito de robo, sino con el de homicidio. Agrega que, hay que coincidir en la que la víctima, A.C., se encontraba en estado etílico, porque así lo demuestra el protocolo de necropsia y el resultado de toxicología, por lo que es de opinión que, con estas comprobaciones no habría necesidad de golpearlo de forma despiadada, puesto que salta a la vista que era una persona totalmente indefensa, por lo que, para robarle no se necesitaba hacer el más mínimo esfuerzo, pero, lo cierto es que los testigos presenciales, quienes gozan de total credibilidad, observaron cuando el imputado, quien fue plenamente identificado, lo agredió violentamente. Explica que la acción descrita por los testigos S.L., G.S. y E.J., se corresponden con el área, justamente donde se registró las heridas descritas en el protocolo de necropsia y que, igualmente, revelan heridas de defensa; por lo que queda huérfana de respaldo probatorio la alegación que se trata de un delito de hurto y no de robo. Resulta claro que la acción delictiva, se cometió con fuerza en la persona, con la agravante de abusar de superioridad, como lo establece el artículo 88, numeral 1, del Código Penal, mal puede el defensor pretender entonces que se reconozca la atenuante que establece el artículo 90, numeral 7 del Código Penal, si desde un inicio y, ante la prueba de cargo irrefutable, lo que el imputado ha tratado de hacer es buscar una forma de disminuir su grado de responsabilidad, por cuanto existen testimonios en su contra, que lo ubican en el lugar cometiendo el delito, como el hecho de habérsele encontrado las pertenencias de la víctima en su poder. Señala que no se alcanza a comprender la ilicitud que le atribuye a la decisión jurisdiccional de ordenar la detención preventiva, puesto que lo hizo la autoridad competente y, como consecuencia de un delito de robo agravado, con pena de siete a doce años de prisión. Indica que la petición de llamamiento a juicio, conlleva implícitamente tal petición, porque ya se había decretado por el delito de homicidio, cuya conexidad con el de robo, la establece el artículo 1985, numerales 3 y 4 del Código Judicial. Que dicha medida cautelar, también encuentra respaldo procesal, en el artículo 2221, numeral 2 del Código Judicial. Finaliza manifestando el representante de la Vindicta Pública que, el verdadero móvil de la acción criminal, resulta consecuente con la intención de evitar la posibilidad de una persecución penal por la sustracción violenta de bienes, ante una eventual denuncia y posterior reconocimiento por parte de la víctima, de modo que, consecuente con los elementos de prueba realizados, solicita se confirme la sentencia condenatoria por delito de robo, cometido en perjuicio de A.E.C.. OBJECIONES PRESENTADAS POR LA DEFENSA El licenciado J.C.G., en su escrito de oposición, visible a folios 738, indica que no le asiste la razón al F.P. Superior, al decir que A.J., es culpable de homicidio. Destaca que del cúmulo de declaraciones juradas que componen parte de las pruebas, dentro de la investigación, ninguna asegura o da certeza jurídica firme en cuanto a que su defendido, señor A.J., le haya causado la muerte al señor A.E.C.. Cierto es que el señor J., no ha ocultado, ni evadido el haberle sustraído al hoy occiso, un reloj de pulso y un sombrero de paja. En relación a las pruebas testimoniales y testimoniales, tomadas en cuenta por la representación de la Vindicta Pública, para sustentar su apelación, ninguna vincula a su representado con el delito de Homicidio; los informes de investigación de la Dirección de Investigación Judicial, de V., corroboran los manifestado por los testigos A.M.V. y A.R.. Refiere, que el Protocolo de Necropsia N° 264-11, deja establecido que la muerte del señor A.E.C. (q.e.p.d.), ocurrió aproximadamente a las 4:00 A.M., más o menos una hora, lo que quiere decir que dicha muerte ocurrió entre las tres y cinco de la madrugada del día 13 de agosto de 2011 y, en el expediente no está acreditado, por ningún medio probatorio, que A.A.J., estuviese cerca del lugar donde fuera encontrado el occiso a esa hora. Los únicos testigos que vieron a su representado, cerca al hoy occiso, dicen haberlo visto a las nueve y media del 12 de agosto de 2011, aproximadamente. Por la anteriores consideraciones, solicita se confirme la inocencia de A.A.J., por el delito de homicidio, en perjuicio de quien en vida se llamó A.E.C. (q.e.p.d.). DECISIÓN DE LA SALA Antes de adentrarnos al fondo de la sentencia, esta Superioridad aclara que se basará sólo en lo referente a los puntos de disconformidad, planteados por los recurrentes, y no a puntos que no fueron objeto del recurso, conforme lo establece el artículo 2424 del Código Judicial. RECURSO DE APELACIÓN A FAVOR DE A.A.J. Los puntos de disconformidad planteados por la defensa del señor A.A.J., licenciado J.A.C.G., guardan relación directa con la condena impuesta, de 63 meses de prisión, como responsable del delito Contra el Patrimonio Económico. Al respecto la Sala, no comparte el criterio esgrimido por la defensa, quien considera que no existe prueba alguna que demuestre que su cliente, haya despojado de manera violenta, cosa ajena, al afectado, señor A.E.C.. A fojas 43, se cuenta con la declaración ofrecida por el señor S.L.M., señalando en su oportunidad que, a las nueve de la noche del 12 de agosto de 2012, momentos en que se encontraba cenando en el kiosco El Sol, ubicado frente al súper M., observó a dos sujetos peleando, cerca de la caseta del súper M., pero que uno de los sujetos se veía inofensivo y, el otro, que vestía casi todo de blanco, lo empujó hacia el interior de la caseta y el agresor entra y aprecia que se fue sobre el sujeto indefenso, golpeándolo en el costado del abdomen, luego lo agarró y lo colocó hacia un lado de la caseta, propinándole dos golpes más. Luego, el agresor se levantó, se metió algo en el bolsillo trasero del pantalón y cruzó la calle hacia el bar La Lucha y no lo vio más. Al terminar de cenar, explica el declarante, fue hasta donde estaba el señor golpeado y, al preguntarle su le habían robado, le contestó que sí, que le robaron dinero y un reloj; pero que lo dejara. Posterior a ellos, expone, se dirigió hasta la policía de V. y reportó que en la caseta del súper M., le habían robado a un señor. Agrega que en el kiosco, se encontraba la señora G.S., a quien le avisó para que viera la pelea y, a una señora de nombre L., quienes vieron parte de la pelea. Indica el declarante que el sujeto agredido, vestía un suéter blanco de rayas, y que pudo ver que, en el piso, entre sus pies, tenía un sombrero como de rayas. Refiere que en el momento no pudo reconocer al agresor, pero G. le manifestó que ese sujeto vende legumbres en la esquina de la panadería M.. No pudo observar si el agresor tenía algún tipo de arma en sus manos, por la distancia en que se encontraba. No pudo observar si la persona agredida se encontraba herida, porque se encontraba sentado sobre el piso e inclinado hacia delante, apoyando los codos de sus manos sobre sus muslos y con la cabeza inclinada, con un sombrero entre sus pies. Mientras que a folios 53, reposa la declaración jurada rendida por la señora G.S.N. de Castillo, manifestando que tiene un kiosco de nombre El Sol, el cual atiende de ocho de la mañana hasta las diez de la noche, ubicado frente al súper M., en el corregimiento de V.. Señala que el 12 de agosto de 2011, estaba laborando y, aproximadamente a las nueve a nueve y quince de la noche, llegó al local, el señor S.L. a cenar. Indica que el señor L., de repente, la llamó y le dijo que fuera a ver una pelea, por lo que salió. Vio cuando un sujeto golpeaba por el estómago al otro sujeto, dentro de la caseta que está ubicada frente al súper M.. Posteriormente, pudo observar que el agresor se retiró del área caminando hacia el Bar La Lucha. Quince minutos después, narra, el agresor regresó donde estaba el sujeto herido y nuevamente se retiró. A eso de las diez de la noche, nuevamente el agresor regresa, dirigiéndose hacia donde estaba la persona golpeada y, frente a él se fumó un cigarrillo estando de pie y, mirando hacia el kiosco y la calle, se agachó recogiendo el sombrero, se lo puso y salió en dirección hacia la calle que conduce al sector de California, pero, al pasar por el súper M., se quita el sombrero, llevándolo en la mano y, desde ese momento, no lo vio más. Agrega esta declarante que, la primera vez que vio que el agresor golpeaba al señor que se encontraba sentado en unos bloques de la ferretería, se dirigió a donde estaba esta persona y, al acercarse, pudo ver que se trataba de un señor latino, que se encontraba sentado y, al frente de las piernas, tenía un sombrero; la caseta estaba oscura y regresó a donde estaba el señor S. cenando, comunicándole que se trataba de un latino. En ese momento, indica, el señor S.L. salió en su carro y lo alumbró con las luces del carro, éste le informó que lo había llamado y que el señor que estaba en la caseta le mencionó que le habían robado el reloj y el dinero. Después de ello, el señor S., se dirigió a la policía a informar del hecho. Ilustra la declarante que, en dos ocasiones la policía fue a donde estaba el señor, lo miraron, pero no lo llamaron y se retiraron. Describe que el agresor vestía un pantalón blanco y una camisa blanca, unas zapatillas y una gorra de color negra. Informa que en la segunda vez que el agresor regresó, lo hizo con un abrigo chocolate y la tercera vez regresó igual y, en esa ocasión, se llevó el sombrero. Expone que dentro de la caseta no hay iluminación, sin embargo, hay iluminación en el Banco Nacional y el súper mercado, hasta las diez de la noche, hora en la que cierra, "Sé que por las luces del súper mercado y la lámpara del Banco Nacional, pude ver a la persona que agredió al señor, porque lo vi cruzar hacia la cantina La Lucha, sé que esta persona vende tomate en bolsa plástica ambulante...". Desconoce el nombre de este sujeto, pero sí lo pudo reconocer, porque recuerda que fue la persona que le robó a su cuñado hace tres años. Finaliza su declaración exponiendo que, el sujeto agresor golpeaba en ambas partes de las costillas (izquierda y derecha) al otro sujeto. Reconoce la ropa que llevaba la persona por primera vez, en la segunda llevaba un abrigo chocolate y, la tercera, la misma ropa y el abrigo. Reconoce igualmente el sombrero que se le pone de presente. Rindió declaración jurada, E.J.S., a fojas59, informando al momento de su deposición, que la noche de los hechos, se encontraba en el kiosco El Sol, ayudando a la señora G., quien es su amiga, hasta las diez de la noche aproximadamente. Narra que se encontraba en el kiosco, cuando un señor de nombre S.L., que estaba cenando, llamó a ambas (señora G. y a ella) para que vieran la pelea que estaba dando en la caseta ubicada frente al súper M., por lo que, al salir, vio a un sujeto que vestía pantalón blanco, golpear a otro sujeto. Ilustra que estos sujetos estaban dentro de la caseta y no pudo ver más nada, ya que estaba oscuro, por lo que regresó al local. Al salir nuevamente, explica, vio que el sujeto con pantalón blanco, cruzaba la calle del Bar La Lucha y, que este sujeto, iba metiendo algo en los bolsillos del pantalón. Minutos después, fue llamada por la señora G., para que viera nuevamente al sujeto del pantalón blanco, quien estaba cerca al señor que estaba golpeado. En un lapso de 20 minutos, nuevamente llegó este sujeto de pantalón blanco, pero esta vez tenía puesto un abrigo chocolate, quien caminaba cerca de la caseta, mientras fumaba un cigarrillo, retirándose por la calle que da hacia Nueva California. Indica que la primera vez, no reconoció al agresor, pero las otras dos veces, se percató que se trataba de ARIEL. A folios 64, reposa el oficio calendado, 13 de agosto de 2011, confeccionado por el M.R.J., jefe del área "C", Cerro Punta, dirigido a la Personería Segunda Municipal de Bugaba, en la que pone bajo sus órdenes al señor A.A.J., e igualmente pone a disposición las evidencias que a continuación se detallan: un sombrero de paja, típico, de color crema con el borde negro; un reloj amarillo marca R.; una gorra de color negra con borde rojo y blanco, con el logo C. y, un jacket de cuero, de color chocolate. Mediante declaración rendida por el señor M.E.Q., reconoció las evidencias consistentes en un sobrero de paja, color crema, bordado con hilo negro; un reloj amarillo con pulso dorado, marca R.; y un abrigo de cuero de color chocolate, con pintura blanca (salpicado), como pertenecientes a su padre, el señor A.E.C. (q.e.p.d.). En ampliación de declaración jurada, el señor S.L.M., a fojas 266, señaló que terminó de cenar, aproximadamente a las nueve de la noche. Que el área donde se encontraba el sujeto, no había suficiente iluminación. Explica el declarante que se dirigió con su carro a donde estaba este sujeto, lo alumbró, pero que no se bajó en ningún momento del vehículo, le preguntó si le habían robado, contestándole que le habían robado el dinero y el reloj, retirándose enseguida. Al realizar el reporte a la policía, eran las 9:15 a 9:20 P.M., aproximadamente. G.S., en su ampliación a fojas 269, manifestó que el sujeto, después de agredir al señor, regresó dos veces. Cuando el agresor se retira, refiere que eran más o menos las diez de la noche y, procedió a cerrar el local, cerca de las once de la noche. Pudo ver a la persona agredida, sentada con la cabeza encima de las piernas. Añade la declarante, que después de cerrar el local, se dirigió al sector de California, con la finalidad de dejar a la muchacha que trabaja con ella y, cuando regresó, a las doce media noche, todavía el señor estaba en la misma posición en la caseta. Por su parte, la señora E.J. en su ampliación, consultable a folios 272, expuso que la hora aproximada en el que el señor S.L., se encontraba cenando, fue a las nueve de la noche. Manifiesta la declarante que se retiró del kiosco, junto a la señora G., después de las diez de la noche y, la última vez que vio a A.J., fue como a las 9:20 a 9:30 de la noche. Con las deposiciones de los testigos oculares, señores S.L.M., G.S.N. y E.J., quienes son contestes en señalar que observaron a un sujeto que golpeaba a otro, en la caseta ubicada frente al súper M., se logra establecer la forma violenta en que fue abordada la víctima, señor A.E.C.. De igual manera describen al sujeto agresor, en su vestimenta, como aquel que vestía de blanco, características que concuerdan con la vestimenta que llevaba el señor A.A.J., al momento en que fue aprehendido, tal como se desprende del informe de novedad consultable a folios 65, elaborado por el Teniente A.C.. Adicional a ello, se cuenta con la declaración rendida por el propio procesado, quien admitió haber despojado al señor A.E.C. (q.e.p.d.), de un reloj y un sobrero. Aunque el procesado, A.J., ha manifestado que no agredió físicamente al señor A.E.C., militan contra él, las declaraciones testimoniales que indican que presenciaron, la noche del 12 de agosto de 2011, cuando un sujeto era agredido por otro e identifican a este agresor, con el nombre de ARIEL, tal como lo señaló la señora E.J. a fojas 59. Tanto el señor S.L., como la señora G.S.N., coinciden en señalar que el sujeto era golpeado en el área abdominal. Con estas declaraciones se descarta la hipótesis de hurto desarrollada por el abogado la defensa. Otro de los reclamos planteados a favor del procesado, consiste en el reconocimiento de la atenuante genérica de responsabilidad penal que reconoce el numeral 7 del artículo 90 del Código Penal, que establece "Cualquier otra circunstancia no preestablecida en por la ley que, a juicio del Tribunal, deba ser apreciada.", argumentándose que en todo momento, el señor A.J., desde un inicio de la investigación, ha sido espontáneo en su versión, ha sido consistente, la cual fue debidamente corroborada en autos y, no ha variado más en su dicho. Al respecto, cabe precisar que la Sala no comparte con este criterio expuesto, toda vez que el argumento ensayado, toda vez que si bien es cierto el procesado ha sido consistente en señalar que no agredió al señor A.E.C. (q.e.p.d.) de los elementos probatorios insertos dentro de la presente encuesta penal, se desprende que los actos desplegados por él, fueron ejercidos mediante violencia, en perjuicio del hoy occiso, aspectos que fueron analizados previamente por el A-Quo, al momento de dictar sentencia. Se expone igualmente por parte de la defensa, que el Tribunal Superior, a través de Auto de Llamamiento a juicio, ordenó la detención preventiva de A.J., por el delito de robo, cuando debió ser el instructor quien ordenara la medida cautelar, violentando así la independencia judicial y separación de funciones que trata el artículo 5 del Código Procesal vigente. Al respecto, cabe destacar que a fojas 632, reposa el auto de 19 de octubre de 2012, emitido por el Tribunal Superior del Tercer Distrito Judicial, por el cual se abrió causa criminal, no sólo por el delito Contra el Patrimonio, contenido en el Capítulo II, Título IV del Libro II del Código Procesal, es decir por el delito de robo, tal como lo señala el recurrente; sino también por el delito contenido en el Capítulo I, Título I del Libro II de la misma excerta legal, es decir por el delito de Homicidio. Si bien, la orden de detención inmersa dentro del Auto de Llamamiento a juicio, especifica que es por el delito Contra el Patrimonio, no es menos cierto que igualmente a A.A.J., se le llamó a juicio por el delito, por lo que se debe entender que la orden de detención es dirigida por los dos delitos, es decir homicidio y robo, pues con meridiana claridad se constata que el Tribunal de grado omitió hacer referencia al delito de homicidio, lo cual de ninguna de manera vicia de ilegalidad la medida adoptada. El artículo 2140 del Código Judicial, establece que la detención preventiva, procede en aquellos delitos en que se tenga señalada pena mínima de cuatro años de prisión y esté acreditado el delito y la vinculación del imputado, a través de un medio probatorio que produzca certeza jurídica de ese acto. En el presente caso en estudio, se cumplen con los presupuestos necesarios a fin de ordenar la detención preventiva, presupuestos que fueron analizados y externados a través del auto de llamamiento a juicio, por el cual se abre causa criminal al señor A.A.J., por delito de homicidio y robo. Adicional a lo anterior, esta máxima Corporación de Justicia, a través de múltiples fallos, ha dejado establecido que la detención preventiva, deberá ser ordenada por autoridad competente. En este caso, la orden de detención preventiva, ha sido dispuesta por el Tribunal Superior del Tercer Distrito Judicial, cumpliéndose con esta exigencia legal. Por último, el recurrente sustenta, a su juicio, una ilegalidad procesal que se produjo al momento de la declaración indagatoria de su representado, al indicar que la providencia que se le formula cargos por el delito de robo, se encuentra viciada, al faltarle un folio, que se quiso corregir reimprimiéndolo del computador. La diligencia que se tilda como ilegal, por parte de la defensa, se trata de la resolución sumarial calendada 6 de marzo de 2012, emitida por Fiscalía Primera Superior del Tercer Distrito Judicial, Unidad Regional de Chiriquí, en la que se dispuso la recepción de declaración indagatoria al señor A.A.J., por haber participado, presuntamente, en la comisión del delito Contra el Patrimonio Económico (Robo), en perjuicio del señor A.C.E. (q.e.p.d.); que corre de fojas 451 a 452. Se observa a fojas 479, el informe secretarial, por el cual se plasma que al momento de receptar la declaración indagatoria del señor A.A.J., se percatan que la página N°8 de la resolución que dispone la práctica de dicha diligencia, no se encontraba foliada con su numeración correspondiente, por lo que se procedió a la corrección de la foliatura para mantener el orden cronológico. En cuanto al aspecto de nulidades procesales, es de importancia destacar que nuestro Código Judicial, en su artículo 2294, se establece lo siguiente: "Artículo 2294: Son causas de nulidad en los procesos penales: 1. La ilegitimidad de personería del querellante, cuando el proceso sea de aquellos en que no puede hacerse de oficio; 2. La falta de jurisdicción o competencia del Tribunal; 3. No haberse notificado al imputado o a su defensor el auto de enjuiciamiento; 4. Haberse incurrido en el error relativo a la denominación genérica del delito, a la época y lugar en que se cometió o con respecto a la persona responsable o del ofendido; y 5. No haberse notificado los autos y providencia que acogen o nieguen pruebas." Se evidencia que la nulidad alegada por la defensa, no se encuentra dentro del catálogo contenido en el artículo 2294 del Código Judicial. Es oportuno destacar, el contenido del artículo 701 del Código Judicial, que señala lo siguiente: "Artículo 701: Todo incidente que se origine de un hecho que acontezca durante el proceso, deberá promoverse tan pronto como el hecho llegue a conocimiento de la parte respectiva. Si en el proceso constare que el hecho ha llegado a conocimiento de la parte y ésta hubiere practicado con posterioridad una gestión, el incidente promovido después será rechazado de plano, salvo que se trate de alguno de los vicios o circunstancias a que se refiere el párrafo segundo del artículo anterior, caso en el cual se ordenará que se practiquen las diligencias necesarias para que el proceso siga su curso legal. También rechazará el juez de plano el incidente que se refiere a puntos ya resueltos en otro o cuando se está tramitando otro por la misma causa o cuando, a pesar de fundamentarse con una distinta, éste haya podido alegarse en el anterior." Por su parte, el artículo 732, de la misma excerta legal, es claro al señalar, en su primer párrafo que, los actos procesales no podrán anularse por causas distintas de las consagradas taxativamente en la ley y el juez rechazará de plano el incidente que no se funde en tales causales. En atención a los artículos precedentes, se destaca que la actuación que se tilda como ilegal, por la cual se solicita la nulidad, lo es el auto calendado 6 de marzo de 2012 y, al observarse que la defensa, licenciado J.C., ha realizado diligencias posteriores a dicho auto que tilda como ilegal, la Sala concluye que no le asiste la razón al apelante en este aspecto, por lo que se procede, sin mayores comentarios a confirmar la sentencia recurrida en este aspecto. RECURSO DE APELACIÓN INCOADO POR EL MINISTERIO PÚBLICO El punto central del recurso de apelación anunciado por la representación de la Vindicta Pública, está dirigida directamente con la decisión absolutoria a favor de A.A.J., por el delito de Homicidio, en perjuicio de A.E.C. (q.e.p.d.), emitida por el Tribunal Superior del Tercer Distrito Judicial, en su sentencia de 15 de mayo de 2013, consultable de fojas 688 a 707. Su sustentación está dirigida a señalar que el A-Quo, cometió error de derecho en la apreciación de la prueba, al considerar que no se cuenta con elemento alguno que indique que el imputado le propinó las heridas que le causaron la muerte, resumiendo que no "resulta certero establecer en su contra, indicios de presencia, oportunidad y capacidad para delinquir." Por ello, la Sala procede a realizar un análisis de cada uno de los elementos probatorios que reposan dentro de la presente encuesta penal, para determinar si, tal como se señaló en la sentencia recurrida, elementos probatorios vinculantes o indicios en contra del señor A.A.J., en cuanto al delito de homicidio, en perjuicio de A.E.C. (q.e.p.d.). Se cuenta, tal como se desarrolló en párrafos que anteceden, con las declaraciones de S.L.M. (fs. 43); G.S.N. de Castillo (fs. 53); y E.J.S. (fs. 59), quienes fueron contestes en señalar, que en horas de la noche, fueron testigos de una "pelea", que se escenificó en la caseta ubicada frente al Kiosco El Sol, pelea en la que involucran a dos sujetos, uno de ellos identificado como el procesado, A.A.J., quien a su vez es identificado como la persona que le propina golpes a la anatomía del señor A.E.C.. Con las declaraciones vertidas por las señoras G.S.N. y E.J.S., se logra establecer que el victimario, en este caso, el señor A.A.J., se acercó en más de una ocasión a donde se encontraba la víctima (fueron tres ocasiones en total), ya que el mismo retornaba al bar La Lucha, local que se encontraba al frente del lugar donde se suscitan los hechos. Con las declaraciones brindadas por el señor S.L.M. y G.S.N., se establece que se ejerció violencia contra el señor A.E.C. (q.e.p.d.), ya que al inicio de sus deposiciones, describen la situación que presenciaron, como una pelea entre sujetos. Ambos señalan que el señor A.E.C., era golpeado en el costado del abdomen -versión brindada por el señor L.M.- o en el abdomen -versión suministrada por la señora Santamaría NúñezB. Cabe destacar que las declaraciones brindadas por los testigos presenciales de los hechos, la noche del 12 de agosto de 2011, si bien logran establecer que se ejerció violencia física contra la víctima, señor A.E.C. (q.e.p.d.); los señores S.L.M. y G.S., en sus declaraciones manifestaron haberse acercado a la caseta en la que se encontraba el señor E.C., pero los mismos no se percatan de ningún tipo de herida en la anatomía de este sujeto al momento en que lo abordan. El señor S.M.L., en su ampliación, consultable a folios 266, manifestó que el área donde se encontraba el sujeto no había suficiente iluminación, pero agrega en líneas posteriores que, llegó con su vehículo y lo alumbró, aunque no se bajó en ningún momento, le preguntó al señor si le habían robado, contestando que le habían robado dinero y el reloj. Llama poderosamente la atención de la Sala, la Diligencia de Inspección Ocular y Reconstrucción de los hechos, que se encuentra visible a fojas 533, se anexa las vistas de las vías circundantes al sitio donde se realizó la diligencia, en la que se puede observar a fojas 536, la ubicación de la caseta y a un costado de ella, frente a la vía principal, se encuentra una luminaria pública. Otro aspecto que llama la atención de la sala, en cuanto a esta diligencia, es lo anotado en el último punto de las observaciones técnicas, a fojas 542: "El testigo S.L. señala que al momento en que se acerca con su taxi a la caseta y alumbra observa al sujeto no le vio sangre en ningún momento, el mismo estaba sentado con la cabeza entre las piernas y el sombrero estaba abajo en el piso en medio de los pies, y que cuando él habló levantó la cabeza y la volvió a agachar." En declaración rendida, el señor A.C.R., a fojas 141, Teniente de la Policía Nacional, expuso que se recibió una llamada en la sala de guardia de la policía de V., informando que frente a la cantina La Lucha, vía que conduce a Río Sereno, estaban agrediendo a un sujeto, aparentemente para robarle, por lo que procedió con el patrulla 4024 al área señalada, donde logra ubicar al ciudadano que estaba sentado en unos bloques, y que este sujeto le indicó que se iba a quedar sentado allí, agregando que le habían robado un sombrero típico y un reloj; siguiendo posteriormente con el operativo. Aproximadamente a las cuatro de la mañana, fueron informados que frente al local comercial Ferretería Fink, se encontraba un ciudadano tirado en el suelo, aparentemente sin vida, ensangrentado. Agrega el declarante que este señor, presentaba la misma vestimenta de la persona que supuestamente había sido agredida en la cantina La Lucha. A fojas 260, reposa la declaración ofrecida por L.A.G. De Gracia, de la Policía Nacional, V., señalando en su oportunidad que, a la sala de guardia se presentó un muchacho que es taxista, manifestando que en la casetita ubicada en la Ferretería M., le habían robado a un señor. Explica el declarante que acudió al lugar en compañía del Subteniente Yerald Tapia; entrevistó al señor que supuestamente le habían robado, manifestándole que vivía en Las Nubes de Cerro Punta y que él se quería quedar allí. Agrega que este señor no se encontraba golpeado, no tenía heridas, se encontraba sentado. Posterior a ello se procedió a la profilaxis, a fin de ubicar al supuesto ladrón. No recuerda la hora ni la vestimenta del sujeto en la caseta. En las declaraciones brindadas por los agentes del orden público, tampoco se advierte, al momento en que abordan al sujeto que se encontraba en la caseta, señor A.E.C. (q.e.p.d.), ningún tipo de golpe o herida que les produjera algún tipo de alerta. El protocolo de necropsia, elaborado por la doctora V.M.G., Médica Forense del Instituto de Medicina y Ciencias Forenses, a folios 400, en el apartado resumen anato patológico, se expone: "TRAUMA ANATOMO PATOLÓGICO: Trauma en cabeza con: - Lesiones en piel y cuero cabelludo (heridas contusas, excoriaciones, equimosis) deformidad del tabique nasal. Trauma en tórax con: - Excoriaciones en piel. - Herida punzante en el tórax lateral derecho que laceró piel, tejido subcutáneo graso, con infiltrado hemorrágico a nivel de músculos intercostales. - Una en el tórax anterior derecho que lacera piel y tejido graso subcutáneo. - Otra en el reborde costal izquierdo que lacera piel, tejido graso sub cutáneo de la pared torácica penetra a cavidad torácica lacera pulmón derecho con hemorragia en parénquima pulmonar y sub pleural cara dorsal. - Otra herida punzo cortante en la cara lateral derecha, lacera piel, tejido subcutáneo graso, sexto espacio intercostal penetra a cavidad torácica lacera lóbulo inferior del pulmón derecho con sangre extravasada en cavidad torácica, lacera diafragma y entra a cavidad abdominal con laceración del lóbulo hepático derecho e infiltrado hemorrágico y otra herida punzo cortante en el tórax lateral derecho a nivel del reborde costal que lacera piel tejido subcutáneo graso, noveno músculo intercostal, diafragma y lóbulo derecho con infiltrado hemorrágico. Trauma en espalda: - Lesiones en piel (excoriaciones y equimosis) Trauma en glúteo con: - Excoriación en glúteo derecho Trauma en extremidades con: - Lesiones en piel (excoriaciones, heridas punzo cortantes y heridas cortantes)." Con la calidad de heridas descritas en el Protocolo de Necropsia, resultaría imposible, que los testigos presenciales de los hechos, es decir S.L. y G.S., no pudieran percatarse de su estado delicado, de estar herido al momento en que los mismos se acercaran a la caseta donde se encontraba. Igual concepto se tiene con las unidades policiales, señores A.C.R. y L.A.G., quienes al acudir al llamado y entrevistar al señor A.E. castillo (q.e.p.d.), no advirtieron heridas en su anatomía. Con las vistas fotográficas del Protocolo de Necropsia, que militan de folios 411 a 415, se advierten la calidad de las heridas, destacándose por parte de esta Sala, las heridas ocasionadas en el área facial, las cuales son notables. Se cuenta con las declaraciones rendidas por R.E.Z.V., a fojas 212; C.A.S., a folios 219; y D.E.C.J., a fojas 203; quienes son contestes en señalar que el 12 de agosto de 2011, en horas de la noche, el señor A.A.J., en un período comprendido entre las 10:15 a 10:30 p.m., llegó a la residencia de su hermana (Denys Elizabeth Correa). Cabe destacar al respecto, que la señora G.S.N., a fojas 53, especificó que la última vez que vio al señor A.A.J., en la caseta donde se encontraba la víctima, eran aproximadamente las diez de la noche. Mientras que la señora E.J., en su ampliación, brindada a folios 272, manifestó que la última vez que vio al señor A.J., esa noche, fue aproximadamente a las nueve y veinte a nueve y treinta minutos de la noche. Es de importancia resaltar, que en la declaración ofrecida por la señora G.S.N., refiere que la noche del 12 de agosto de 2011, cerró el local, aproximadamente a las once de la noche, procedió a llevar a su residencia a la señora E.J. y, que a su regreso, al pasar por la caseta pudo ver al señor A.E.C. (q.e.p.d.), sentado en la misma posición; por lo que no se advierte alguna situación que nos llegara a concluir que, para ese momento, la víctima se encontraba herida con arma blanca. En la declaración rendida por la señora D.E.C.J., hermana del hoy procesado, refirió que su hermano, señor A.J., llegó a su residencia aproximadamente a las diez y quince a diez y treinta de la noche, pernoctando y el sábado 13 de agosto, se levantó a trabajar en horas de la mañana; momentos después fue comunicada, vía telefónica, que su hermano se encontraba detenido (fs. 203). Esta excepción es brindada por el propio procesado en su declaración indagatoria a fojas 190, explicando en su oportunidad que aproximadamente a las ocho y treinta de la noche (8:30p.m.) se dirigía a la cantina La Lucha miró hacia un costado percatándose de la presencia de un señor en la caseta. Se dirigió a la cantina, tomó un trago, regresó a donde estaba el señor, quitándole el reloj. Regresó nuevamente a jugar billar y, a los quince minutos recogió su jacket, compró unos cigarrillos, prendiendo uno y se dirige al sector de las Perlas. Agrega que pasa por la caseta nuevamente, recogiendo en esta oportunidad el sombrero que tenía el señor, retirándose posteriormente a casa de su hermana D.E.C., lugar donde llegó, comió y se acostó a dormir aproximadamente a las diez y treinta de la noche (10:30p.m.). Al día siguiente al dirigirse a su trabajo, recibió una llamada de M.V., preguntando si iba para allá y, al llegar a la casa, estaban las unidades policiales, deteniéndolo. Refiere no haber tenido problemas anteriores con el señor A.E.C. (q.e.p.d.), porque no lo conocía. Niega haber portado arma blanca la noche de los hechos. Las excepciones brindadas por el procesado, son apoyadas por las declaraciones ofrecidas por la señora D.E.C.J., R.E.Z.V. y L.A.G. De Gracia. Por último, rinden declaración jurada los señores M.E.L. (fs. 294); J.D.C.L. (fs. 335) y J.R.J.Á. (fs. 345); quienes señalaron que en el bar Tropical, posterior a los hechos, un sujeto de rasgos indígenas, que conocen como "V.", se presentó al local con las manos ensangrentadas y, con un cuchillo refiriendo, en términos generales, que había tenido problemas con un sujeto en la caseta del mini súper M., porque le quería dar un trago de una "pacha". Otro aspecto a destacar, lo es que el Protocolo de Necropsia, revela como hora aproximada de muerte, las cuatro de la mañana (4:00a.m.), más o menos una hora. La última vez que se vio al señor A.A.M., en la caseta, lugar donde se encontraba el señor A.E.C. (q.e.p.d.), fue entre las horas comprendidas entre las 9:15 a 10:00 p.m. No se comparte el criterio esbozado por la representación de la Vindicta Pública, que plantea que la víctima se desangró durante su movilización; puesto que el resultado del Protocolo de Necropsia revela aspectos como causa de muerte, que en la persona de A.E.C., si bien se produjo por Shock hipovolémico, laceraciones hepáticas y por heridas punzo cortantes penetrantes por arma blanca en región torácico abdominal derecha; no se especifica, tal como lo asevera el Ministerio Público en su sustentación, que la víctima se haya desangrado de manera gradual; sin dejar de lado la gravedad y múltiples heridas recibidas inferidas en la anatomía de la víctima. Por las anteriores consideraciones, la Sala no comparte los criterios desarrollados por el licenciado L.A.M., F.P. Superior del Tercer Distrito Judicial, al concluirse que a favor del señor A.A.M., existe una duda razonable, en tono a su participación en cuanto al delito de homicidio en perjuicio del señor A.E.C. (q.e.p.d.), toda vez que se ha logrado demostrar, a través de pruebas testimoniales que, luego de ser asaltada la víctima por parte del hoy procesado, no se evidenció que la misma presentara heridas punzo cortantes en su anatomía, al ser abordado por los testigos, así como por las unidades policiales; el procesado es ubicado en un lugar distinto al de los hechos, después de las once de la noche aproximadamente; la víctima es visualizada con vida alrededor de las doce de la noche, según declaración brindada por un testigo; en definitiva con los elementos probatorios insertos en la presente encuesta penal, no se logra enervar la presunción de inocencia del procesado, en cuanto al delito de homicidio. Por las consideraciones expuestas, esta Superioridad concluye que la sentencia apelada se ajusta al caso en estudio, por lo tanto en ausencia de reparos que permitan su reforma, corresponde su confirmación. PARTE RESOLUTIVA En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA PENAL, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, CONFIRMA la Sentencia 15 de mayo de 2013, dictada por el Tribunal Superior del Tercer Distrito Judicial, en todas sus partes. N. y Cúmplase, JOSÉ EDUARDO AYU PRADO CANALS HARRY ALBERTO DÍAZ GONZÁLEZ -- JERÓNIMO MEJÍA E. JOSE ISRAEL CORREA GARCIA (Secretario)

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