Un Sueño de Siglos: El Canal de Panamá

Autor:Celestino Andrés Araúz
Páginas:36-60
 
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UN SUEÑO DE SIGLOS: EL CANAL DE PANAMÁ
Celestino Andrés Araúz
En búsqueda del “estrecho dudoso”
Desde la época precolombina la privilegiada
posición geográca del Istmo de Panamá,
el punto más angosto en el continente
americano, marcó su función histórica
como sitio de tránsito y de intercambio de
los diversos grupos aborígenes, algunos de
los cuales dejaron sus huellas en nuestro
territorio a través de la lítica, la cerámica y la
orfebrería, principalmente.
Durante su cuarto y último viaje (1502-
1503) a lo que muy pronto se denominó
Nuevo Mundo o Indias Occidentales,
Cristóbal Colón buscó ansiosa e inútilmente
“un estrecho de mar” que lo condujera
al Oriente. Su propósito era obtener las
anheladas especias, seda, porcelana,
tapices, perfumes y otros artículos, además
del oro, que desde hacía mucho tiempo
provocaron importantes cambios en la
dieta, las costumbres y la mentalidad de
los europeos. Descubrió el litoral caribe
centroamericano desde Honduras hasta
el Istmo de Panamá y completó de esta
forma el recorrido que Rodrigo de Bastidas
efectuó poco antes en nuestro territorio.
El “hallazgo” del “Mar del sur” por Vasco
Núñez de Balboa, en septiembre de 1513,
demostró que otras tierras, virtualmente
desconocidas hasta entonces, se
interponían entre Europa y Asia. A partir de
este trascendental acontecimiento, España,
Portugal y otros países del Viejo Mundo
redoblaron sus esfuerzos para encontrar
el “estrecho” o paso acuático que, a través
del nuevo continente, desembocara en el
“Mar del sur” para navegarlo y alcanzar los
codiciados productos orientales.
Pedro Arias de Ávila o Pedrarias,
gobernador de Castilla de Oro, entre 1514
a 1526, buscó afanosamente el “estrecho
dudoso” y para ello impulsó expediciones
de descubrimiento y conquista en
Centroamérica, al tiempo que inició la
construcción del “Camino Real”, entre
Nombre de Dios y la ciudad de Panamá, a n
de transportar las especias y otros artículos
asiáticos por el Istmo de Panamá. Gonzalo
Fernández de Oviedo, el célebre cronista
de Indias, que llegó por primera vez a Santa
María la Antigua del Darién en 1514, con la
expedición de Pedrarias, desde un principio
resaltó el papel del Istmo de Panamá como
enlace entre los dos mares. Señaló que
en la costa de la Tierra Firme no se sabía
de la existencia del “estrecho de mar, sino
estrecho de tierra y no de agua; y este es
el paso o traviesa que hay de Nombre de
Dios a Panamá o desde (....) Acla al golfo de
San Miguel, por donde el adelantado Vasco
Núñez de Balboa descubrió el Mar del Sur”.
Dijo, además, que se sabía que desde las
cumbres de Esquejua y Urracá “que están
entre una y otra mar” se podía ver ambos
océanos.
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ENSAYOS Y MONOGRAFÍAS
En 1526, el gobernador Pedro de los Ríos,
recibió instrucciones de la Corona española
para que, mientras se encontrara el tan
buscado “estrecho” o paso acuático entre
el Atlántico y el Pacíco, construyera dos
casas. “Una en la ciudad de Panamá en la
costa del sur, y otra en la costa del norte
en la parte más a propósito (...) y cercana a
ella para que las armadas que (...) enviamos
y enviaremos a las dichas islas del Maluco
y otras partes de la especiería viniesen a
descargar en la dicha ciudad de Panamá”.
Exploraciones en el río Chagres
Por instrucciones de Pedro de los Ríos, en
1527, el capitán Hernando de la Serna, el
piloto Pedro Corso y Miguel de la Cuesta
realizaron exploraciones en el río de los
Lagartos o Chagres, desde un punto
cercano a la ciudad de Panamá hasta su
desembocadura en el Mar del Norte. Lo
recorrieron en una canoa y encontraron
que tenía “bastante fondo para navegar”.
En su opinión, los navíos podían subir desde
el Atlántico doce leguas y más adelante
continuar navegando en canoas, bongos o
chatas, que además se impulsarían desde
las orillas. A cinco leguas del Chagres estaba
Portobelo que era una bahía muy cómoda
y a seis leguas, la isla de Bastimentos, “que
tenía buen reparo para los navíos que iban
de Castilla. Posteriormente, de la Serna,
junto con los regidores Alvaro de Guijo y
Francisco González, efectuó un minucioso
reconocimiento desde la ciudad de Panamá
hasta el este del río Chagres y recomendó
la construcción de un camino para carretas
desde la ciudad de Panamá hasta las riberas
de este río (lo que más tarde sería el Camino
de Cruces). Por su parte, Oviedo, si bien se
rerió a las dicultades del camino entre
Nombre de Dios y la ciudad de Panamá,
“como hombre que muchas veces lo he
visto y andado”, dijo que era “muy grande
el aparejo y la disposición” que había para
trasladar la especiería desde el puerto
de Panamá hasta el río Chagres”. Indicó,
además, que por éste podían subir carabelas
hasta doce leguas río arriba a la vela. “Y
en una y otra costa de él hay muy buena
tierra y disposición para poblar, y muchas y
muy hermosas maderas para hacer casas y
navíos, y muy fértil toda la comarca ...
Es preciso advertir que, tanto el informe de
Hernando de la Serna y sus acompañantes
como los puntos de vista de Oviedo,
eran exagerados, porque no le dieron
importancia a los numerosos bancos,
raudales, troncos y otros obstáculos que
dicultaban la navegación por el Chagres,
aunque pocos años después, este río se
convirtió, pese a sus inconvenientes, en
la principal ruta uvial del Istmo para el
transporte de las mercaderías europeas y
los tesoros extraídos del virreinato del Perú.
Es decir, en el eje de la infraestructura de las
ferias de Nombre de Dios y Portobelo.
Álvaro de Saavedra y Cerón, en 1529, fue el
primero que propuso la construcción de un
canal interoceánico por el Istmo de Panamá,
siguiendo instrucciones del emperador
Carlos V que, no obstante, ese mismo año,
a cambio de retribuciones económicas,
renunc a los derechos del imperio
español sobre Las Molucas, poniendo n de
esta forma a la disputa con Portugal por el
dominio del comercio con el Oriente.

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