Sentencia de Corte Suprema de Justicia (Panama), 1ª de lo Civil, 8 de Julio de 1996

PonenteEDGARDO MOLINO MOLA
Fecha de Resolución 8 de Julio de 1996
EmisorPrimera de lo Civil

VISTOS:

El licenciado B.J.C., en representación de ALBINIO ARCIA DE LEÓN ha interpuesto Recurso de Casación Laboral contra la sentencia de 23 de mayo de 1996, dictada por el Tribunal Superior de Trabajo del Primer Distrito Judicial, dentro del Proceso Laboral: ALBINIO ARCIA DE LEÓN Vs CAPAT, S.A. y/oM.C.M..

Mediante el presente recurso se impugna una sentencia proferida por el Tribunal Superior de Trabajo en un conflicto individual cuya cuantía es de trece mil novecientos treinta y cinco balboas con setenta y seis centavos (B/.13,935.76), por lo que el recurso, a tenor del artículo 925 del Código de Trabajo, es procedente. En relación a las formalidades técnicas mínimas que deben reunir estos recursos, el artículo 926 del texto legal citado previamente preceptúa que sólo producirán su inadmisibilidad los defectos u omisiones que hagan totalmente imposible el conocimiento de la cuestión controvertida. En el caso sub-júdice se advierte que a pesar de que el recurso adolece de ciertos defectos los mismos no son de tal gravedad como para que la Corte deba inhibirse de entrar a conocer el fondo de la cuestión controvertida. Así las cosas, la Sala pasa a examinar los cargos de ilegalidad que se formulan a la sentencia impugnada.

El negocio laboral dentro del cual se origina el recurso que nos ocupa, se origina en un proceso instaurado en el Juzgado de Trabajo de la Quinta Sección, mediante el cual el señor ALBINIO ARCIA DE LEÓN, solicitó indemnización por despido indirecto o renuncia con causa justificada, por la suma arriba mencionada en concepto de saldo a prima de antigüedad, suma no percibida como consecuencia de la alteración de la relación de trabajo, y la correspondiente indemnización.

Por tanto el presente recurso tiene por finalidad que la Sala Tercera de la Corte, mediante resolución motivada case totalmente la sentencia, fechada veintitrés de mayo de 1996, proferida por el Tribunal Superior de Trabajo del Primer Distrito Judicial, y en su lugar se revoque la sentencia Nº 12 de 25 de mayo de 1995, dictada por el Juzgado de Trabajo de la Quinta Sección, con sede en Changuinola, mediante la cual se resolvió que la renuncia presentada por el señor ALBINIO ARCIA, no era justificada.

La pretensión solicitada fue negada por el juez de primera instancia, decisión que a su vez fue confirmada por el Tribunal Superior de Trabajo en sentencia de 23 de mayo de 1996 al señalar que:

"Este Tribunal coincide con el juez a quo de que en el presente caso no se ha comprobado fehacientemente y con certeza de que se hubiera dado una alteración de las condiciones de trabajo como razón válida para presentar una renuncia con causa justificada y derecho a pago de indemnización como si fuera despido injustificado. Se ha podido determinar, incluso en la copia del Reglamento Interno de Trabajo que aparece junto a la convención colectiva de trabajo presentada como prueba, que la Finca El Rosario es propiedad de un conjunto de sociedades, a saber Macar, S.A.; C., S.A., Nemo y Compañía, S. A.".

El casacionista sustenta su pretensión aduciendo que la sentencia impugnada resulta violatoria de los artículos 159, 197, y 8, del Código de Trabajo.

De acuerdo al artículo 927 del Código de Trabajo, se emplazó a la parte demandada para que hiciera valer sus objeciones frente al recurso propuesto, sin que en el término de ley hubiese comparecido al proceso.

Encontrándose el proceso en este estado los Magistrados de la Sala Tercera entran a resolver el presente recurso.

La primera norma que se estima conculcada es el artículo 159 del Código de Trabajo, que es del tenor siguiente:

"ARTÍCULO 159: El salario pactado no podrá ser reducido por ninguna circunstancia aún mediante el consentimiento del trabajador".

La infracción es sustentada por el recurrente en los siguiente términos:

"ALBINIO ARCIA DE LEÓN comunicó a la Empresa en el año de Mil Novecientos Noventa (1990), la dolencia que venía sufriendo y que le impedía la realización de determinadas labores, lo que fue utilizado por la Empresa para colocarlo en labores que iban en desmedro de su salud, además de reducirle el Salario que venía devengando desde el día Ocho (8) de noviembre de MIL NOVECIENTOS SETENTA Y CINCO (1975), como obrero de una empacadora y con un salario de CUATROCIENTOS SESENTA Y OCHO BALBOAS (B/.468.00) mensuales; CIENTO DIECISIETE BALBOAS semanales, y DIECINUEVE BALBOAS CON CINCUENTA CENTÉSIMOS (B/.19.50) diarios".

En consecuencia de lo anterior también se ha infringido el artículo 197 del Código de Trabajo ...". (Énfasis nuestro).

El precitado artículo 197 señala que:

"ARTÍCULO 197: Las condiciones del Contrato de Trabajo solamente podrán ser modificadas:

  1. Por la Convención Colectiva de Trabajo y el Reglamento Interno de Trabajo en los casos y con las limitaciones previstas en éste Código; y

  2. Por el mutuo Consentimiento. En estos casos se permitirá la alteración siempre que no conlleve directa o indirectamente una disminución, renuncia, dejación o adulteración de cualquier derecho reconocido a favor del trabajador.

La alteración de las condiciones de trabajo que infrinja esta norma será ineficaz y el trabajador podrá pedir, a su opción, el cumplimiento de las condiciones contractuales originales o dar por terminado el Contrato, por causa imputable el empleador".

Frente a lo argüido por la parte actora debemos manifestar que no coincidimos con su planteamiento en el punto referente a la reducción del salario, por razón de que ha quedado palmariamente demostrado que con anterioridad al año de 1990, y posterior a dicho año, los salarios del trabajador oscilaban en el mismo promedio, aunado al hecho de que al ser trasladado el trabajador a la empresa CAPAT, S. A. la cual junto a MACAR, S.A. conforman la empresa Finca El Rosario, el señor ALBINIO ARCIA siguió devengando un salario comprendido entre el mínimo que se paga a un jornalero de dicha finca, el cual es por el monto de B/.6.24 diario.

Sobre este punto hay que aclarar que el señor ALBINIO ARCIA no devengaba un salario fijo, el mismo dependía de la producción diaria que realizara durante la jornada de trabajo, por lo que no obstante hay que tener claro lo preceptuado en el artículo 142 del Código de Trabajo:

"ARTÍCULO 142: El salario solamente podrá fijarse por unidades de tiempo (mes, quincena, semana, día u hora) y por tareas o piezas.

...

El empleador y el trabajador podrán convenir y modificar las condiciones del salario por tareas, piezas, comisiones, o primas complementarias.

Las fluctuaciones periódicas del ingreso del trabajador, debidas a oscilaciones en la producción, las ventas o el rendimiento, no se entenderá como aumento o reducción, para los efectos del artículo 159 de este Código, salvo que ambos contratantes expresamente convengan lo contrario." (Énfasis nuestro).

Con relación a lo estipulado en el artículo 197 del Código de Trabajo, y su implicación en el presente caso debe señalar esta Superioridad que evidentemente la norma es clara al sostener que sólo una convención colectiva o un reglamento de trabajo pueden alterar las condiciones de trabajo, como por otra parte el mutuo consentimiento. En cuanto a lo primero, es decir, la convención colectiva y el reglamento de trabajo, salta a la vista que la Convención Colectiva y Reglamento Interno de Finca el Rosario fue suscrita el 22 de mayo de 1994, y entró en vigencia el día 2 de junio de 1994 (fs. E-275 del expediente); por tanto, la misma no se encontraba vigente al momento de darse la renuncia justificada del señor ALBINIO ARCIA, por lo que no puede sostenerse que dicha convención facultó a la empresa para alterar las condiciones de trabajo. Por otro lado, tampoco se dio el mutuo consentimiento, para decidir la reubicación del señor ARCIA a un puesto que no perjudicara más su estado de salud.

El señor ALBINIO ARCIA inició labores en la empresa CAPAT, S.A., el día 8 de noviembre de 1975, como obrero en la empacadora, labor que realizó por espacio de 15 años, tal cual está reflejado en las hojas de planilla (libro de tiempo) a foja 42 (E1-E275) del expediente; sin embargo, después de 15 años de labor continua en dicha empresa como empacador, en el año de 1990 la empresa decide asignarle labores en las plantaciones de banano en Macar, S.A. a sabiendas de que el Señor ARCIA venía padeciendo de Hipertensión arterial y hemorroides externas tal como le había sido diagnosticado, lo cual puede constatarse en los certificados médicos que aparecen a foja 31 (T-1; T-2; T-3) del expediente.

Ante la aptitud adoptada por la empresa de asignarle tareas en las plantaciones de banano, el Señor ARCIA se vio obligado a presentar carta de renuncia, que en su parte medular señala:

Señor Carrera:

... a partir de la fecha renuncio formalmente de la empresa CAPAT, S. A. por las siguientes razones, a saber:

a) En mi perjuicio, la empresa CAPAT, S.A. con quien contraté el día 8 de noviembre de 1975 para trabajar en la empacadora ha alterado unilateralmente las condiciones de trabajo que desempeñé por más de quince (15) años al trasferirme sin mi consentimiento a la empresa MACAR, S. A., agravando no sólo mi situación económica sino que también ha afectado mi salud en forma constante y progresiva hasta el punto de que tuve que ser intervenido quirúrgicamente.

b) Cuando puse en conocimiento de la empresa que padecía de HIPERTENSIÓN ARTERIAL Y HEMORROIDES EXTERNAS, no sólo me manifestaron que todo era psicológico, producto de mi imaginación, y que más bien se trataba de haraganería de mi parte, sino que se me obligó a realizar trabajos en el campo, lo que afectó notoriamente mi salud.

c) Debido a mi enfermedad diagnosticada, en el año de 1990, el facultativo recomendó se me designase labores que no tuviera que mantener los brazos elevados, por un período de 6 meses; al no acatar la empresa lo ordenado, acudí a la Dirección de Trabajo en esta ocasión a reubicarme, lo que no cumplió en su totalidad, ya que solo lo hicieron por dos (2) semanas. Posterior a la intervención quirúrgica de que fui objeto, nuevamente el facultativo recomendó que se me designara labores que no tuviera que realizar esfuerzos físicos exhaustivos o que tuviera que caminar grandes distancias, y una vez más la empresa no solo desobedeció la recomendación médica sino que me obligó a realizar labores que perjudican mi salud y ponen en peligro mi vida.

d) Luego de una larga incapacidad de seis (6) meses, me reintegré a mis labores el día 25 de noviembre de 1992, en esta ocasión solicité nuevamente a mi jefe que no estaba bien pero que quería trabajar donde pudiera rendir y ganarme mi salario honestamente; y una vez más no sólo no se escuchó mi petición sino que se me envió al campo a realizar trabajos que, por mi salud, no puedo realizar.

e) Esta persecución sin sentido e injusta me ha llevado a tomar esta decisión que, sin lugar a dudas, la empresa ha provocado.

Frente a las anteriores consideraciones la Sala Tercera (Laboral) pasa a expresar las siguientes consideraciones, fundamentándonos para ello, en el principio de justicia social el cual impera en el derecho laboral:

El hecho que constituye causa de terminación de la relación de trabajo por voluntad del trabajador, por el carácter de irregular, necesariamente tiene que fundarse en una causa expresa, determinada y determinante, que es, lo que en definitiva, nos va a demostrar si es o no justa y por ende sus consecuencias jurídicas.

De allí que haya señalado la Corte en fallo de 19 de junio de 1981:

"La Sala considera que no es correcta la afirmación de que el Código de Trabajo disponga que el trabajador sólo puede renunciar justificadamente señalando únicamente las causas señaladas en el artículo 223; ni puede invocar validamente en el proceso otra causa que las que indicó en su carta para renunciar".

En el presente caso se alega alteración de las condiciones de trabajo, no obstante aún cuando se observara una aptitud o un comportamiento mal intencionado de la empresa como el reubicar a un trabajador a otras tareas, precisamente cuando padece de quebrantos de salud específicos, y cuya labor ha sido una muy diferente por espacio de 15 años, en relación con la nueva tarea asignada, opina esta Superioridad que en base al principio de equidad, el cual, como se señaló en sentencia de 24 de abril de 1975, "se emplea en materia laboral para sustentar la aplicación del principio de justicia social", conforme lo dispone el artículo 5 del Código de Trabajo, debe entrarse a conocer las verdaderas razones que motivaron al trabajador a renunciar.

Al respecto ha señalado la Corte en fallo de 13 de septiembre de 1983:

"La Sala observa que en verdad, la renuncia es un derecho que asiste al trabajador para dar por terminada, voluntariamente la relación laboral que lo liga a su empleador tal como lo prevé claramente el ordinal 7 del artículo 210 laboral antes mencionado. Esa renuncia como acto propio y voluntario del trabajador, lisa y llanamente no habría que cuestionarse si no fuera por hechos concatenados que arrojasen dudas sobre su verdadera intención. Por eso, ese acto, tan transcendental para las partes debe estar revestido honestamente de una voluntad libre e invariable en ese momento, ajena a toda sospecha que pudiese desvirtuarla en su valoración ética y legal. Si por el contrario existiesen elementos dubitativos que arrojasen dudas sobre la verdadera intención y voluntad del renunciamiento, entonces es deber ineludible del juzgador hacer el mejor examen de las constancias procesales a objeto de hacer resplandecer sólo la verdad y nada más que la verdad.

En consecuencia, pues, se llega a la conclusión inequívoca que la trabajadora al momento de presentar la renuncia tantas veces mencionada, no lo hizo bajo libertad, sino muy por el contrario, ella fue motivada por los actos de presión que en ese momento se ejercieron sobre ella". (Énfasis nuestro).

Si bien es cierto la actividad bananera es muy sui géneris, ya que la misma supone trabajo en el campo o en una empacadora, no es cierto que la misma no pueda dar margen a reubicar a un trabajador que padece de una dolencia física en una de las tantas otras labores que conlleva la mencionada actividad, entre las que pueden mencionarse "seleccionar, empacar, cortar, conchar, chapear bananales, deshojar, limpiar zanjas, empacar", entre muchas otras, hasta tanto el mismo recobre su habitual estado de salud y más aún cuando se trata de una fuerza de trabajo agotada por espacio de 15 años en beneficio del mismo patrono.

A foja 350 del expediente consta contenido de las respuestas a las repreguntas formuladas por el Licenciado Lewis en cuanto a que describiera cuáles son los trabajos que realiza un jornalero, a lo que contestó: "seleccionar, empacar, cortar, conchar, chapear bananales, deshojar y limpiar zanjas, hay un sinnúmero de trabajos que no se pueden mencionar aquí porque son muchos". (Énfasis nuestro).

Después de 15 años de labor continua, la empresa MACAR, S. A. decide trasladar al señor ARCIA de la empacadora, donde habitualmente se desempeñó, a las plantaciones de banano, sin tomar en consideración elementos que en todo tipo de movilidad deben ser respetados, tal cual nos explica el Dr. Murgas, en los siguientes términos: "la movilidad supone en todo caso el respeto a los siguientes elementos: a) El cambio de funciones debe ser compatible con la posición, jerarquía, fuerzas, aptitudes, preparación y destrezas del trabajador". (Énfasis nuestro).

Se observa que la empresa MACAR, S. A. no tomó en consideración ni las fuerzas, ni la destreza que después de 15 años pudiera tener el señor ARCIA para ser trasladado de la empacadora a las plantaciones de banano, la cual requiere de trabajadores con una mayor fuerza laboral.

Finalmente a raíz de dicho traslado, la salud del señor ARCIA se vio más afectada, no obstante la empresa reubicó favorablemente al trabajador sólo por espacio de dos semanas, haciendo caso omiso a la prescripción médica presentada. Ante tal exigencia es evidente que el señor ARCIA se vio obligado a presentar su renuncia justificada, ya que si bien es cierto su trabajo era en calidad de jornalero, al padecer de un quebranto de salud y no querer o poder la empresa asignarle otras labores entre las ya mencionadas, lo indicado para la empresa era prescindir de sus servicios, puesto que ya no podía desempeñarse en tales faenas y por tanto lo procedente hubiera sido su despido inmediato, con el debido cumplimiento y reconocimiento de las exigencias legales para estos casos y sin menoscabo de los derechos adquiridos por su antigüedad en la empresa. Sin embargo la empresa no lo hizo, sino que más bien reubicó al Señor ALBINIO ARCIA a realizar tareas que iban en detrimento de su salud, motivo que obligó al Señor ALBINIO a presentar una renuncia justificada.

Sobre el particular nos parece apropiado citar a SHIRLEY, L. al referirse a la inhabilidad o ineficiencia sobreviniente en su obra: La Terminación del Contrato Individual de Trabajo, quien afirma lo siguiente:

"La inhabilidad o ineficiencia sobreviniente es la que aparece con el transcurso del tiempo. En este supuesto se trata ... de un trabajador cuya aptitud para el trabajo que realiza fue demostrada en el pasado, y que por razón de su edad avanzada u otra consideración personal, su fuerza de rendimiento ha disminuido, sin que reúna las condiciones para optar por una pensión de invalidez o de vejez. En estas condiciones no se justifica la terminación del contrato de trabajo, y menos por despido sin responsabilidad patronal, ya que el empleado no debe perder por esta causa los derechos adquiridos por su antigüedad en la empresa, que derivan, precisamente, de una fuerza de trabajo agotada en beneficio del patrono". (Citado por O.V.V., en las Causas Justas de Despido, 1980). (Énfasis nuestro).

Por todas las anteriores consideraciones con fundamento jurídico y doctrinal estima esta Superioridad que la renuncia del Señor ARCIA fue justificada, por lo que le corresponde la debida indemnización como también a que se le calcule en debida forma lo concerniente a su prima de antigüedad, y de ser así se le reconozca el faltante adeudado, con relación a lo ya recibido en este aspecto según consta en la boleta de liquidación a foja 316 (E274) del expediente.

Respecto al artículo 8 del Código de Trabajo, el actor señala que ha sido violado por lo siguiente:

"Opinamos que el análisis jurídico presentado por la Sentencia cuya Casación pedimos no sitúa el problema en su contexto, toda vez que hace alusión a un Reglamento Interno de Trabajo que no toma en consideración lo normado en el Artículo 8 de dicho cuerpo de Ley: Artículo 8: Son nulas y no obligan a los contratantes, aunque se expresen en un convenio de trabajo o en otro pacto cualquiera, las estipulaciones, actos o declaraciones que impliquen disminución, adulteración, dejación o renuncia de los derechos reconocidos a favor del trabajador".

Desde el punto de vista de la interpretación literal de la norma conceptuamos que el artículo 223 del Código de Trabajo ampara al trabajador al considerar la alteración unilateral por parte del empleador de las condiciones de trabajo, la falta de pago por parte del Empleador del salario completo, la aparición en el Proceso de Trabajo de causas imprevistas perjudiciales a la salud o a la vida del trabajador y que no fueren corregidas en el plazo que fijen las autoridades. ... Como causa justificada de renuncia."

Estima esta Superioridad que si bien cierto es evidente que se provocó la renuncia justificada del señor ALBINIO ARCIA, la reubicación dentro de la empresa, no desmejoró el salario que percibía, ya que este siguió oscilando dentro del mínimo establecido. Sin embargo, sí desmejoró su salud, su situación y condición laboral, de tal manera que se vio obligado a renunciar, razón por lo cual tiene derecho a un cálculo justo equivalente a su prima de antigüedad correspondiente por sus años de servicios, y a la indemnización por despido indirecto, más no así a la suma que alude en concepto de lo no percibido como consecuencia de la alteración a la relación de trabajo por las razones ya expuestas.

En vista de todo lo expuesto los Magistrados de la Sala Tercera de la Corte Suprema, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley en atención a la facultad que le brinda el artículo 931 del Código de Trabajo CASA PARCIALMENTE la sentencia de 23 de mayo de 1996, emitida por el Tribunal Superior de Trabajo del Primer Distrito Judicial, dentro del proceso laboral incoado por ALBINIO ARCIA DE LEÓN VS CAPAT, S.A. y/oM.C.M., y en sede de instancia CONDENAN a la EMPRESA CAPAT, S.A. y/oM.C.M. al pago de DOSCIENTOS CUARENTA Y UNO CON SETENTA CENTÉSIMOS (B/.241.70) correspondientes a lo adeudado en concepto de prima de antigüedad, más DOS MIL QUINIENTOS OCHENTA Y UNO CON TREINTA Y SEIS CENTÉSIMOS (B/.2,581.36) correspondientes a la indemnización por despido indirecto, y al pago de CUATROCIENTOS VEINTITRÉS CON SETENTA (B/.423.70) en concepto de COSTAS.

N..

(fdo.) E.M.M.

(fdo.) MIRTZA A.F. DE AGUILERA

(fdo.) A.H.

(fdo.) ANAIS BOYD DE GERNADO

Secretaria Encargada

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